Con el Café 12/Mar/06
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 3

12 de Marzo de 2006

Número 95

 

Esta semana termina con dos claros ejemplos de cómo la política electoral contamina todo y nubla la esencia de cuestiones que debieran ser investigadas y expuestas a la opinión pública.

 

MINEROS

 

La tragedia de los 65 mineros fallecidos en la mina Pasta de Conchos en Coahuila se ha convertido en una paella política.

Para el gobierno federal, el asunto le ha permitido descargas su fuerza sobre el líder sindical Napoleón Gómez Urrutia, al cual acusan de corrupción, a pesar de que la toma de nota que le negó el gobierno de Ernesto Zedillo se la dio el gobierno de Vicente Fox.

Y de paso arman lo que, desde la siempre singular perspectiva del Ejecutivo, es una operación de desprestigio contra quien ven como líder priísta y eventual proveedor de recursos y votos para el PRI.

Para los sindicatos, alarmados por la embestida contra los mineros, es la oportunidad de movilizarse contra el gobierno. Y al cobijo de la defensa de la autonomía sindical, se movilizan los intereses partidistas para, a su vez, golpear al gobierno.

Para los partidos de oposición el caso, se dijo muchas veces, es un bombón político. Les permite así criticar a voz en cuello el contubernio del gobierno con los grandes grupos empresariales.

Para los diputados y senadores es otra oportunidad de tener sus 15 minutos de gloria. Se crean comisiones para investigar el caso. Y, claro, se obtienen reflectores, tan necesarios en esta época electoral.

Pero la esencia del asunto es que el accidente de Pasta de Conchos mostró serias irregularidades en la operación minera y las condiciones altamente desventajosas en que laboran más de 200 mil trabajadores del sector.

Salvo contadas excepciones, el tema es soslayado. Y ése debiera ser el tema a discutir.

Ese es el único tema en el cual ninguno quiere ahondar.

Temen lo que pasaría si se investiga en serio.

Se tocarían demasiados intereses. Y nadie, de la izquierda a la derecha quiere hacerlo en época electoral.

 

PEDERASTIA

 

El caso del gobernador Mario Marín, cuyas charlas telefónicas con el empresario poblano Kamel Nacif conoce ya todo México, se convirtió en otro motivo de encendidas polémicas.

Se defiende con gran pasión a la periodista Lydia Cacho, y por supuesto se denosta al gobernador que olvidó que vive en el siglo XXI e hizo un uso arbitrario y atrabiliario de su poder para castigarla. Y parte de la polémica se concentra en la presunta violación de derechos humanos.

Se movilizan los partidos, PAN y PRD, para presionar y exigir la renuncia del gobernador Mario Marín, por el abuso de autoridad. Se organizan movilizaciones, se firman desplegados y se mantiene viva una machacante campaña en medios para linchar a Marín. En los medios hay un festín.

En el fondo se trata de aprovechar lo que perciben como un flanco descubierto del PRI. Si Marín renuncia ahora, se tendría que convocar a nuevas elecciones, y creen el PAN y el PRD que podrían arrebatarle la gubernatura a los priístas.

En el Congreso, por supuesto, se multiplican los pronunciamientos y los puntos de acuerdo. La intención es arrinconar al gobernador priísta, quien, la verdad, merecería irse a su casa por su evidente torpeza y estilo primitivo de gobernar.

Pero todos, los medios, los partidos, el gobierno mismo, soslayan lo esencial del asunto: la pederastia.

Aunque el libro de Lydia Cacho parece más bien la investigación de un estudiante de quinto semestre de la carrera de comunicación, contiene los suficientes hechos como para mostrar lo extendido de la red de pederastia en nuestra República.

Eso debiera no sólo preocupar a todos los que gritan y patalean en el caso de Mario Marín.

¿Quién investiga cuánto de verdad hay en el libro de la señora Cacho?

¿Quién hace una investigación seria para determinar cuántos y quiénes están involucrados en las redes de pederastia?

No lo hará, por cierto, la fiscalía que arrinconado inventó Mario Marín.

Se necesita una investigación seria, profesional, que determine la extensión y profundidad de ese detestable delito.

Lo demás, como en el caso de los mineros, es oportunismo político de la peor clase.

 

 

 

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