Esta semana el caso de los 65 mineros muertos en la
mina de Pasta del Conchos tomó un giro hacia la politización.
Primero, el Secretario del Trabajo, Francisco Javier
Salazar, otorgó la toma de nota, esto es, el reconocimiento, a la disidencia
que disputa el liderazgo a Napoleón Gómez Urrutia.
Y empieza un forcejeo legal, entre acusaciones de
injerencia gubernamental en la vida sindical.
El sesgo político ocurre cuando la fracción del
sindicato minero, encabezada por Gómez Urrutia, es desconocida por el Congreso
del Trabajo y responde con la amenaza de demandar al Secretario del Trabajo, a
la empresa propietaria de la mina y a todo aquel que esté contra él.
Lo paradójico es que organizaciones políticas y
sindicales, presuntamente libertarias y democráticas, con tal de estar contra
el gobierno foxista apoyan a un líder como Gómez Urrutia, cuyos manejos nada
claros en el sindicato le describen como un dirigente poco honesto.
Así está la política hoy: el enemigo de mi enemigo es
mi amigo.
INTERPARLAMENTARIA
Con poco ruido en los medios, se efectuó en Valle de
Bravo la reunión interparlamentaria México-Estados Unidos.
Lo significativo es que, por primera vez, la
delegación de legisladores mexicanos presentó un frente unido, pero no para
confrontar, sino para forzar un diálogo con los legisladores norteamericanos,
lo cual condujo a establecer un puente que nunca debió perderse entre los
Congresos de Estados Unidos y México.
Al menos se ha dejado sembrada la posibilidad de un
diálogo para intentar obtener alguna reforma migratoria, la cual, a pesar de lo
que muchos pensamos aquí, en realidad enfrenta una actitud muy negativa entre
el electorado estadounidense, poco informado sobre el problema.
COMPARECENCIAS
Durante la semana comparecieron ante el Congreso dos
Secretarios de Despacho: el de Gobernación Carlos Abascal Carranza y el de
Seguridad Pública Eduardo Medina Mora.
Ambos comparecientes enfrentaron el clima hostil
creado por la campaña por la Presidencia de la República, a pesar de lo cual
consiguieron deslizar algunas ideas.
Abascal propuso, por ejemplo, se reglamente con más
rigor la intervención telefónica, al revelar que actualmente, además del
gobierno federal, cuentan con capacidad de intervenir comunicaciones privadas y
oficiales 10 Estados de la República, incluido el Distrito Federal.
Medina Mora reconoció la gravedad del problema del
narcomenudeo, pero también reprochó al Congreso no actuar con más dinamismo
para aprobar legislación pendiente.
Otra vez se perdió la oportunidad de una discusión
seria sobre los temas que atienden ambos Secretarios, pues tanto en los medios
como en el Congreso, prevalecen los enconos propios de la campaña por la
Presidencia.
PROSELITISMO
PRESIDENCIAL
Esta semana también estuvo marcada por el debate
provocado por los spots publicitarios del gobierno de la República,
particularmente aquellos en que aparece el Presidente Fox y los cuales fueron
cancelados por la Suprema Corte, en tanto resuelve la controversia
constitucional presentada por los partidos.
Este, tristemente, es un debate inútil.
En este espacio cibernético se ha insistido que es un
absurdo tratar de impedirle al gobierno del Presidente Fox que defienda sus
programas de gobierno. Mas también es igualmente absurdo que, para hacerlo, el
Presidente Fox haya decidido aparecer en todos los spots. Esa decisión lo dejó
vulnerable a la controversia.
Como sea, es una actitud maniquea de la oposición, y
de muchos de los comentaristas radiofónicos, pretender que hay falta de equidad
en la competencia electoral sólo porque el Presidente de la República aparece
en los medios defendiendo a su gestión.
Sería suicida y estúpido no hacerlo.
Y se insiste que es una actitud maniquea de la
oposición y muchos comentaristas, porque nadie ha dicho nada por las
declaraciones abiertamente partidistas del jefe de gobierno del Distrito
Federal Alejandro Encinas.
En fin, es un debate estúpido, porque no hay falta de
equidad, toda vez que quien está en el gobierno tiene la ventaja de estar en el
poder, es cierto, pero también la enorme desventaja del desgaste de gobernar y
de rendir cuentas por los errores cometidos.