La semana que termina fue marcada por sucesos
políticos: la exoneración de Arturo Montiel Rojas, la escisión en el Partido
Alternativa y la ineficacia de la diplomacia mexicana.
En el caso de Arturo Montiel Rojas, es cierto, hay
evidencias de que gozaba de una posición económica desahogada cuando llegó a la
gubernatura del Estado de México; pero, dándole el beneficio de la duda, fue
una monumental torpeza empezar a hacer despliegue de sus recursos hasta que
llegó a la gubernatura.
Jurídicamente el caso quizá esté agotado.
Políticamente la figura de Montiel Rojas se ha convertido en un lastre para el
PRI.
UN
BEBÉ EN PROBLEMAS
Es importante el cisma del Partido Alternativa, no
porque el partido sea una formación política muy importante, que lo no es, sino
porque en el conflicto ha aflorado el gran dilema de todas las democracias
modernas: ¿es el dinero el que determina el triunfo sobre los adversarios?
La legislación electoral mexicana, aún imperfecta,
intentó resolver el dilema dándole preeminencia al financiamiento público de
las campañas políticas; pero la falta de ajustes a la legislación electoral han
mantenido huecos por donde se filtra el dinero de particulares, y se filtra de
la peor manera.
Las autoridades electorales darán la razón jurídica a
quien la tenga. Decidirán si, de acuerdo a la ley electoral vigente, Patricia
Mercado es la candidata presidencial de Alternativa o si el candidato es Víctor
González Torres.
El caso es ejemplar, pero como ejemplo de las
prácticas más burdas y primitivas de asalto a un partido político.
El doctor Simi utilizó a dos políticos que han
resbalado demasiadas veces por la pendiente de los arreglos políticos
sospechosos, por decir lo menos, para forzar su promulgación como candidato.
Conseguido su propósito se ha registrado. Y no cejará
fácilmente, pues mediante el empleo de los cuantiosos recursos a su
disposición, no sólo patrocina las movilizaciones de “campesinos” y
“delegados”, sino que, para contrarrestar el casi unánime rechazo provocado por
la asonada que promovió, ha montado una implacable, abrumadora y copiosa
campaña de mensajes en radio y televisión para defender su caso.
En esos mensajes se ataca a Alberto Begné, el
presidente de Alternativa, pero tienen buen cuidado en no golpear a Patricia
Mercado, porque saben que es una personalidad que cuenta con muchas simpatías
en los medios de comunicación.
Cuando el Tribunal Federal Electoral decida quién es
el candidato presidencial de Alternativa, se sabrá si el dinero puede al final
de cuentas vencer a la opinión negativa de los medios.
Y se sentará un precedente. Sería patético que ganara
el doctor Simi, porque entonces el dilema se habría resuelto a favor del poder
del dinero.
DIPLOMACIA
A LA DERIVA
La diplomacia mexicana no ha vivido en las últimas
semanas sus momentos más brillantes.
Torpemente, el gobierno mexicano ha sido incapaz de
operar en los pasillos de Washington, cuando menos para con sus cabildeos
facilitar alguna salida al asunto migratorio.
Luego, en Los Pinos aprovechan una encuesta del Pew
Hispanic Center para atreverse a proclamar que los mexicanos emigran por
razones culturales. Es de tal magnitud el descaro de tal afirmación que ni
siquiera merece respuesta.
Como si faltara algo, el Presidente Fox
innecesariamente se confronta con el presidente electo de Bolivia Evo Morales.
Sólo se explica esa confrontación por la frustración
que ha provocado en el Presidente su incapacidad para lograr que en el Congreso
se apruebe alguna reforma en materia energética.
Y, como está sumamente presionado por los grupos
empresariales que necesitan que baje el precio del gas, provoca un diferendo
con Bolivia.
Para compensar, anunció la construcción de una planta
gasificadora, en la cual se trataría el gas importado de otras naciones. No de
Texas, aclaró, porque es muy caro.
Es una rendición, porque se acepta que será imposible
promover la explotación del gas de la Cuenta de Burgos. Porque la paradoja es
que se anuncia importación de un gas que se tiene en territorio mexicano.
Pero, en fin, con el hastío de cinco años y medio de
gobierno, el Presidente Fox trata de aligerar las presiones del puesto.
Eso, no lo dude usted, lo hará que se refugie en la
campaña electoral, actividad que disfruta plenamente.
Y podría crear no sólo turbulencias, sino hasta
tormentas que, en determinado momento, afectarán la campaña del candidato
presidencial de su partido.