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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 2

18 de Diciembre de 2005

Número 87

 

LA AGENDA DE POLITICA EXTERIOR

 

La polémica por la tregua navideña marcó la semana, sin embargo, fue más significativa la decisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos de aprobar la construcción de un doble muro, en porciones que suman la tercera parte de la extensión de su frontera con México.

Es significativa porque, no sólo crea obstáculos más peligrosos para los mexicanos que emigran, sino que tipifica como delitos penales la contratación de trabajadores indocumentados y hasta la ayuda humanitaria que les brindan algunas organizaciones.

La iniciativa de ley todavía tiene que ser aprobada en el Senado norteamericano, donde será revisada hasta el próximo febrero. Hay muchas posibilidades de que la polémica sea tal que una ley definitiva no se apruebe hasta después de noviembre de 2006, cuando se celebran las elecciones legislativas estadounidenses. Y, posiblemente, se apruebe algún programa de trabajadores temporales, con lo que los republicanos dejarían satisfecho a su electorado empresarial.

Esto significará un estruendoso fracaso de la premisa de acuerdo migratorio que durante todo el sexenio enarboló el gobierno del Presidente Fox, pues tal aprobación ocurriría cuando haya un nuevo Presidente de la República, quien haya ganado las elecciones del 2 de julio de 2006.

Toda la política migratoria giró, al arranque del sexenio, en la perspectiva de un acuerdo migratorio. En torno a eso giró la política exterior diseñada por Jorge G. Castañeda, quien a cambio del acuerdo prometido por George Bush en la reunión en Guanajuato a principios de 2001, fracturó la política externa de México, la mantenida durante más de cinco décadas, y alineó a México con Estados Unidos.

El costo para México ha sido altísimo, pues una vez dado el giro a la política exterior, cuando ocurre el atentado terrorista de las Torres Gemelas y la atención de Bush se dedicó a la seguridad estadounidense y a la venganza por el atentado, el gobierno mexicano se quedó atrapado en la política exterior que ya había modificado irreversiblemente.

Consciente Jorge G. Castañeda de que la premisa de dicha política exterior –el acuerdo migratorio- había sido destruida junto con las Torres Gemelas, renunció y le dejó a Fox la tarea de enfrentar las consecuencias del alineamiento con Estados Unidos, alineamiento que al final de cuentas resultó gratuito.

Primero se intentó corregir oponiéndose a la invasión a Irak, pero luego al reemplazar Luis Ernesto Derbez a Jorge Castañeda, la política exterior adquirió un matiz economicista.

Lejano ya el acuerdo migratorio, el gobierno del Presidente Fox arrió banderas en el tema y optó por capitalizar la emigración.

Así, se buscó facilitar el envío de las remesas de los migrantes mexicanos a sus familias en México. Y se intentó crear vínculos con organizaciones mexico-norteamericanas que les permitieran estrechar relaciones con las comunidades de migrantes mexicanos.

Y dichas remesas pasaron a ser fundamento del ingreso de divisas. Por eso las críticas de que México no podía apoyarse sólo en las divisas generadas por la exportación de crudo y en las remesas de los migrantes.

Fue un giro pragmático, pero también la señal del fracaso de la política migratoria del régimen del Presidente Fox.

El fracaso es de tales dimensiones que ahora está paralizado ante la sola posibilidad de que un muro se construya en la frontera norte y sobre todo, ante la ominosa posibilidad de que las dificultades para cruzar cuesten la vida a más indocumentados que nunca.

Ninguno de los candidatos tiene prevista una política exterior, una política de Estado adecuada, lo cual creará más dificultades de las que creen en las relaciones con Estados Unidos.

Algunos dirán que se paga el costo del alineamiento con Estados Unidos a cambio de nada.

Lo dicen aquello que subestiman a la opinión pública norteamericana, a la que vota, y que es la que determina las reacciones y los votos en Washington.

Como sea, el tema de la migración, de un posible acuerdo y de la protección de nuestros migrantes indocumentados, tendrá que formar parte de la agenda del próximo Presidente de la República.

Un tema que no podrá ser ignorado por más tiempo.

 

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