La semana fue marcada por tres episodios políticos,
los cuales repercutirán en los procesos electorales.
El primero fue la consolidación de Felipe Calderón
como un candidato presidencial viable, con lo cual, al menos por ahora, ha
conseguido acallar las voces que interesadamente auguraban una derrota para el
PAN en las elecciones presidenciales.
Pudo conseguirlo, en parte porque el panismo intenta
así recuperar el partido, pero también porque se ha iniciado un reacomodo de
fuerzas mediáticas, reacomodo que apenas empieza.
Como sea, se alteró el cronograma político de Los
Pinos, aunque no lo suficiente como para impedir que los grupos neopanistas se
consoliden cuando menos en el Distrito Federal. Por ahora, Calderón ha
entendido que hay que sumar y ya negocia para incorporar a su equipo a ex
colaboradores de Santiago Creel, con lo cual se fortalecerá su campaña.
Falta por definir cómo se manejará el equipo
calderonista en su relación con el PAN. De cómo se conduzca la relación podría
depender la imagen que proyecta la campaña presidencial del PAN, imagen de la
que dependerá mucho un eventual triunfo.
INSTITUCIONES
El otro episodio, no registrado en ningún medio, fue
la instrucción dada por López Obrador para que todas las candidaturas a
senadores y diputados se resuelvan mediante negociaciones, sin ninguna
confrontación.
No quiere que se repita lo ocurrido en el Distrito
Federal, donde su gente ha tenido que confrontarse con el ingeniero Cárdenas.
Quiere candidaturas con el consenso de las comunidades y los intereses
políticos de los distritos y los Estados, porque su meta es ganar la mayoría
del Congreso de la Unión.
Aún no está clara la estrategia que seguirá para
atraer el llamado voto útil, al cual le apuesta para ganar.
No obstante, empieza su gente a crear un ambiente de
hostilidad hacia las instituciones electorales, con lo cual en el caso de una
derrota, podrían tener el argumento para movilizaciones de protesta y de
exigencia de “limpiar las elecciones”.
Lo primero, buscar consensos, es natural y justificado.
Lo segundo, el apostarle a un debilitamiento institucional es un camino muy
riesgoso, porque podría producir conflictos que siempre se sabe como empiezan,
pero que luego no se sabe como terminan, o como terminarlos.
ATRAPADOS
Los priístas, atrapados en un absurdo proceso
interno, impuesto por los simplistas de la democracia, ahora tendrán que gastar
el dinero que no tienen en una elección de trámite, porque nadie en su sano
juicio cree que Everardo Moreno pueda ganarle a Roberto Madrazo.
Para redondear el cuadro, el seguro candidato Roberto
Madrazo está asediado por los enemigos dejados a lo largo del camino.
Lo hostiliza la profesora Elba Esther Gordillo, cuya
única razón de existir parece ser ya impedir que Madrazo pueda ganar la
elección presidencial. Aunque en el SNTE ya haya inquietud por no saber qué
rumbo podría tomar la organización, en caso de que el PRI no gane y de que
tampoco Calderón gane.
También hostiliza a Madrazo su adversario histórico,
Francisco Labastida. El ex candidato presidencial es otro obsesionado. No
conforme con haber llevado al PRI a la derrota y haberlo metido en el embrollo
del Pemexgate, ahora opera para que gane el que sea, menos Madrazo, aunque ya
sea inviable que surja otro candidato.
El otro dolor de cabeza para el PRI es la miopía de
algunos de sus gobernadores, quienes creen que seguirán manteniendo la misma
fuerza en caso de que el PRI pierda la elección presidencial.
Es cierto que difícilmente pueda desaparecer de la
noche a la mañana el PRI, pero sí puede pulverizarse en partidos regionales. O
sea, volver a sus orígenes, a ser un conjunto de partiditos, como lo era antes
de 1929.