Nos aseguran que la democracia es turbulenta,
desordenada, razón por la cual todos los asuntos de la política parecen tan
revueltos.
Quizá tengan razón, pero el problema de esta
“normalidad democrática” es que tal parece que en el gobierno, en los partidos,
en los medios y en la sociedad se ha perdido la visión de Estado y todos actúan
en función del corto plazo.
El horizonte no va más allá del 2 de julio de 2006.
De corto plazo lo que ocurre en el PRI, pues los
priístas están más cerca que nunca de una escisión y actúan sólo en función de
sus personales ambiciones y resentimientos.
Roberto Madrazo no escucha a quienes le piden
reflexionar si acaso es un candidato ganador. Sus adversarios -incluidos
Labastida, Bours y la profesora Gordillo, entre otros-, cegados por la derrota
sufrida, están dispuestos a provocar un éxodo a otros partidos, con tal de que
no llegue Madrazo.
En el PAN la tenacidad de Felipe Calderón ha
conseguido vencer a Santiago Creel, lo cual no ha sido fácil, pues la campaña
del ex secretario de Gobernación ha sido una larga cadena de errores.
Ahí se confrontan los que quieren retener la
Presidencia para el PAN, lo cual en estricto rigor sería una recuperación, con
aquellos que están más ocupados en consolidar los feudos de poder construidos
al amparo del gobierno foxista.
En el PRD, es creciente la agresividad de los grupos
seguidores de Andrés Manuel López Obrador. Toda la estrategia de esa campaña se
sustenta en la exacerbación del resentimiento, en la exaltación del rencor y en
un creciente maniqueísmo.
En todos los partidos, en los medios y hasta en el
gobierno mismo, con esa visión cortoplacista no vacilan en golpear una y otra
vez a las instituciones electorales y judiciales.
Todos critican al IFE, al Poder Judicial, a la
Iglesia Católica, al Ejército.
Cada uno con su matiz, pero en esa lucha
cortoplacista por el poder lo único que interesa es la destrucción del
adversario.
Y la sociedad, lamentablemente, se solaza con el
escándalo y espera morbosamente nuevas descalificaciones, nuevas acusaciones y
nuevos escándalos.
Los rumores mas disparatados se convierten en
noticias que se comentan en los medios, y así le dan a los chismes la calidad
de información.
Las voces moderadas, racionales, son ahogadas por las
ocurrencias, las descalificaciones y la intolerancia que aumenta peligrosamente
y propicia lo que ya se ha vuelto una costumbre: el linchamiento mediático.
Nadie quiere darse cuenta que por ese camino el
gobierno, los medios, los partidos y sectores importantes, pueden fragmentar a la
sociedad.
Ya nadie se acuerda, o nadie quiere acordarse de
aquella frase de don Jesús Reyes Heroles: “no despierten al México bronco”.
Unos porque, cegados por la ambición, no creen que el
México bronco exista.
Otros, perversamente, quieren despertarlo, seguros de
que ellos lo controlarán.
Ambos están equivocados. Reyes Heroles, profundo
conocedor de nuestra historia, sabía que cuando el México bronco se levanta, se
convierte en un torbellino que devora a todo, y a todos.