Tres acontecimientos marcaron la semana que termina.
El primero fue el escándalo en torno a supuestos
manejos financieros del precandidato priísta Arturo Montiel Rojas.
El escándalo mostró la debilidad de la candidatura de
Montiel, pero también tuvo dos rasgos que parecieron pasar inadvertidos.
Uno, que el Presidente Fox está dispuesto a llevar al
PRI a una debacle. Dos, que el hecho de que haya sido en Televisa donde se
manejó el escándalo Montiel revela, no como supone la mayoría, una demostración
de poder del consorcio, sino el actuar de fuerzas económicas muy poderosas para
incidir en el proceso electoral. Televisa fue solo el conducto para un
movimiento que en pocas semanas operará con mucha discreción contra la
candidatura de López Obrador.
El otro acontecimiento trascendente fue la resolución
de la huelga en el Seguro Social. Cierto, la aceptación del sindicato de la
mayoría de los planteamientos gubernamentales es de alguna manera un triunfo
para Carlos Abascal, cuyos hombres figuraron prominentemente en la negociación.
Mas en el fondo fue una claudicación, una más. El
sindicato sabía que perdería más si iba a la huelga, pero amedrentó al gobierno
y exigió la cabeza de Santiago Levy. El gobierno se la entregó, con tal de
evitarse problemas.
Al final de cuentas la ironía es que la fórmula
“innovadora” presentada por el director del IMSS Fernando Flores fue la misma
que ya le había ofrecido al sindicato el exdirector Levy.
Por eso es de un optimismo exagerado suponer que el
gobierno tendrá la fortaleza para enfrentar a los otros sindicatos con grandes
prestaciones. En el caso del IMSS aprovecharon lo sembrado por Levy, hasta el
favor de la opinión pública que consiguió el exdirector del Seguro Social. No
podrán hacer los cambios de pensiones que quieren, salvo quizá en el caso del
ISSSTE, donde toda la tarea la ha hecho Benjamín González Roaro.
El tercer acontecimiento trascendente es la
reconstrucción de Chiapas.
Más allá de las ocurrencias verbales del Presidente
Fox. Quién tal parece que no sabe -ó no le han dicho- como financiarla. Y se ha
quedado atrapado en desafortunadas contradicciones.
Más allá en Chiapas el descontento social empieza a
ser cada día mayor. La dimensión del daño sufrido hace difícil allegar el
abasto y la ayuda a todas las comunidades afectadas. Dependen del clima para
hacerlo.
Y empieza a surgir un descontento que será
aprovechado por los partidos políticos y, hay que decirlo, principalmente por
el PRD, especialista en medrar en el descontento y en fomentar el
resentimiento.
Por ahora el problema, supone el Presidente, es
logístico, pero pronto, más pronto de lo que creen, será un grave problema
político.
Y eso entorpecerá aún más que la falta de recursos
para la reconstrucción de Chiapas, una reconstrucción que la Secretaria de Desarrollo
Social Josefina Vázquez Mota reconoce que llevará años.
Y así, por otras razones, Chiapas se convertirá en
parte de la agenda de la campaña electoral.