Ha empezado legalmente el proceso electoral y ya hay
acontecimientos que al final incidirán sobre su desarrollo. Aunque parezcan
hechos aislados.
IMSS
El conflicto en el IMSS será resuelto sin huelga,
opinan los expertos.
La pregunta que no responden es a qué costo, porque
quizá el sindicato ceda en lo que respecta a las reformas, pero obtendrá otras
prestaciones que sumadas pueden significar la erogación de cientos de millones
adicionales.
Será, otra vez, una salida negociada, un simulado
respeto al Estado de Derecho.
Sin embargo, se agravará la situación económica del
instituto.
Y con ello el deterioro de los servicios. Se dejará
al siguiente gobierno la tarea de resolver los problemas del IMSS.
Agotado el aliento del régimen, y sin voluntad para
tomar decisiones difíciles, se deja una bomba de tiempo.
PARTIDOS
El PRI parece fraccionarse. Por un lado los
madracistas, por el otro los montielistas, apoyados por los partidarios de la
profesora Gordillo y por los labastidistas.
Para Arturo Montiel es un riesgo apoyarse en dos
grupos a quienes no mueve el interés partidista, sino sólo el afán de cobrarse
agravios.
Se trata de impedir que Roberto Madrazo sea candidato
a la Presidencia de la República.
Y si para ello los elbistas o los labastidistas
tienen que fracturar el partido, pues que así sea.
El otrora partido hegemónico empieza a fracturarse, a
dividirse en tribus, y con ello se arriesgan a cancelar cualquier posibilidad
de triunfo en las elecciones presidenciales del 2006.
El CEN del PRI tendrá muchas dificultades para
impedir una fractura, porque no se enfrenta a la lógica política, sino a la
irracionalidad del resentimiento y el rencor.
Montiel, al apoyarse en esos grupos, corre el riesgo
de convertir su candidatura en una candidatura perdedora.
Mientras, Madrazo, está arrinconado. Ha sido inútil
controlar el aparato del partido. El acoso será cada vez más feroz y el
antipriísmo de tantos “especialistas” en los medios puede debilitar
irreparablemente su imagen.
Está pues el PRI en un callejón que parece, por
momento, no tener salida.
PAN
En el PAN las cosas no andan mejor.
Al fracasar la candidatura de Santiago Creel, Manuel
Espino ha recibido instrucciones de Los Pinos de poner en marcha la alianza
entre Creel y Alberto Cárdenas Jiménez, como último recurso para impedir que
Felipe Calderón sea elegido candidato presidencial del PAN.
Perdido el apoyo económico de Lorenzo Sertvije,
Alberto Cárdenas se disponía a declinar, pero Espino lo convocó y lo convenció
de seguir. Se negoció, quizá, cuando menos una senaduría para Cárdenas Jiménez,
como precio de la alianza.
Con esa estrategia llega el PAN al 23 de octubre, la
tercera vuelta de su elección interna. La apuesta de Los Pinos y el cálculo de
Manuel Espino es que la suma de los votos de Cárdenas Jiménez impedirá que en
esa tercera vuelta gane Calderón.
Y luego, ya aliados Cárdenas y Creel, están seguros
de que derrotarán a Felipe.
Ese es el plan de Los Pinos, pero tiene una falla:
Creel se ha desgastado mucho y no parece que recupere la suficiente imagen como
para ser un candidato ganador.
Aunque siempre ocurren milagros.
PRD
Hasta ahora, y quizá hasta cuando menos hasta la
primera quincena de noviembre, Andrés Manuel López Obrador sigue solo en
campaña.
A pesar de todo, ha conseguido calar en algunas
regiones del país donde el PRD no pinta.
Aunque es muy temprano para asegurar que ya tiene el
voto de esas regiones, los avances logrados han preocupado a muchos de sus
adversarios.
El problema se su campaña tiene dos facetas: el
discurso y Cuauhtémoc Cárdenas.
Cada vez es más radical su discurso, con lo cual
muchos sectores le regatearán su apoyo.
El caso de Cuauhtémoc Cárdenas es más complicado, es el
problema que en los siguientes dos meses habrá de resolver López Obrador, si
aspira a ganar la Presidencia.
Si, como tantos afirman, Cuauhtémoc Cárdenas se
postula como candidato, a López Obrador no le alcanzarán los votos para
triunfar.
Por eso no quiere pelearse con el ingeniero. Si otras
fueran las circunstancias, y si una eventual candidatura de Cárdenas no contara
con la garantía de suficientes recursos, López Obrador no tendría de qué
preocuparse.
Pero ver a Cárdenas en las boletas es la pesadilla de
López Obrador.
Curioso, el fundador del PRD es el único que puede
frenar al tabasqueño.