Con el Café 25/Sep/05
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 2

25 de Septiembre de 2005

Número 75

 

CONTRASTES

 

Fue una semana muy agitada, quizá demasiado, síntoma de que corremos el riesgo de que el reacomodo de fuerzas para el proceso electoral pueda conducir a la repetición de sucesos violentos.

Arrancó la semana con un debate artificial: el de las llamadas “narcolimosnas”. El debate sólo subrayó el anticlericalismo de las élites de la sociedad mexicana.

Luego la virulencia del discurso de la profesora Elba Esther Gordillo, virulencia que además de no ser gratuita, tiene el ingrediente de que aún cuenta con el respaldo de cuando menos un millón de maestros de toda la República.

Sin embargo su discurso empieza a gastarse, a ser repetitivo. Eso es letal en una sociedad que empieza a acostumbrarse a que se le presenten novedades noticiosas, aún cuando sean escándalos, chismes o distorsiones informativas.

Prueba de ello fue que el pasado miércoles, al caer el helicóptero del Secretario de Seguridad Pública Ramón Martín Huerta, se olvidaron los otros temas.

El impacto causado por el accidente mostró que en el gobierno foxista hubo desconcierto. No hubo quien concentrara la información, para decantarla conforme fuera comprobable. No se hizo así porque uno de los grandes defectos del régimen del Presidente Fox es la exagerada autonomía de acción concedida al gabinete presidencial.

Todos quisieron figurar, todos creyeron que les tocaba participar, todos declararon. Y todos se enredaron ante la insuficiente información de que se disponía en las horas posteriores al accidente.

Porque, a menos que alguien aporte pruebas y no teorías, todo indica que fue un accidente la muerte del Secretario de Seguridad Pública y sus ocho acompañantes. Quienes saben de helicópteros y conocen la zona así lo afirman.

Sólo que nos han llevado a una etapa en la que nada es creíble, a menos que sea explicado con una teoría de la conspiración.

Lo preocupante del accidente fue que sirvió para lanzar una feroz ofensiva al gobierno del Presidente Fox. Es parte de una especie de catarsis el criticar al Presidente, aún cuando sea injustamente.

Pero, tristemente, también forma parte de una tendencia cada vez más clara a desprestigiar a las instituciones, sean las electorales, sea el Poder Judicial, sea el Poder Legislativo o el Ejecutivo.

Forma parte de la estrategia de algunas fuerzas políticas. Una estrategia que tiende a apuntalar figuras políticas, pero sobre todo, a darle sustento a las eventuales protestas y movilizaciones que se harán durante el proceso electoral de 2006.

Son fuerzas que le apuestan al desorden y a la incredulidad. No le apuestan a la democracia.

Hay, no obstante, signos alentadores. Entre ellos figura la convocatoria que hace el Consejo Coordinador Empresarial a firmar un acuerdo nacional para hacerle frente a los graves problemas del crecimiento, la inseguridad y el desempleo.

Convocan los empresarios, pero se han adherido otras fuerzas políticas y sociales.

Un acuerdo así ofrece la posibilidad de que las instituciones resistan el embate a que están sometidas.

Pero, por ahora, eso es sólo una posibilidad.

 

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