Ya empezó la larga marcha a la primera elección
presidencial después de la alternancia del poder.
Está en marcha la campaña de López Obrador, igual que
las de los panistas y priístas que todavía no definen a su candidato.
Y, por supuesto, está en marcha la campaña del
Presidente Fox, quien parece haber encontrado la forma de recordarles a los
votantes lo que ha hecho su régimen y de proclamar a los cuatro vientos los
logros de su gobierno.
Está en su derecho, pues es absurda la neutralidad
del Presidente de la República que pretenden algunos de los cuentistas de la
utopía democrática.
En las condiciones actuales, cuando no es el
Ejecutivo el que organiza las elecciones federales, el Presidente tiene el
derecho a hacer política electoral.
Ya encontró la forma de hacer campaña sin exponerse a
ser sancionado, ahora le falta encontrar la forma de apoyar a los candidatos
panistas sin una flagrante utilización de recursos públicos.
De alguna manera, sin quererlo, el Presidente Fox
está sentando un precedente en la modernización de la democracia mexicana.
Y le ha desbrozado el camino a su sucesor, para que
la democracia mexicana se parezca más a las viejas democracias occidentales.
Sólo el tiempo dirá si para bien o para mal.
LOS CANDIDATOS
Lleva delantera Andrés Manuel López Obrador, como se
ha dicho en este espacio cibernético.
Hasta ahora son giras cautelosas, muy cuidadas. Ha
incursionado en ciudades donde el PRD no solía tener presencia y ha tenido una
aceptación razonable, aunque todavía es muy temprano para saber si esa
aceptación se va a traducir en votos a su favor.
Por ahora, su discurso es fundamentalmente el mismo,
sólo que utiliza en cada ciudad algunas de las premisas de su programa de 50
puntos.
No han sido discursos rijosos, pero tampoco han sido
planos.
El mensaje es cuidadoso, como para tranquilizar a
tantos que lo ven con recelo.
Tendrá cuando menos dos meses de ventaja para irlo
asentando, pero tarde o temprano tendrá que hacer propuestas más concretas, más
específicas, más allá de la oferta de las pensiones a los ancianos.
Y, sobre todo, deberá explicar los cómo a un
electorado desilusionado con las promesas incumplidas.
Sobre todo tendrá que adaptar su discurso a las
características regionales.
Porque hasta ahora las reuniones en las ciudades
visitadas han sido con los suyos, con los que son sus partidarios acérrimos.
Por eso han sido en locales cerrados, para controlar la asistencia.
Mas la campaña tendrá que dar un giro cuando tenga
adversarios y, sobre todo, cuando tenga que apelar al voto de los sin partido,
de los indecisos.
Es, pues, muy temprano para juzgarlo como candidato
en campaña.
Faltan todavía muchas aduanas.
PANISTAS
Las precampañas panistas empiezan a enconarse, pero
también a ser más competidas.
Santiago Creel ha descubierto que su quehacer en la
Secretaría de Gobernación le ganó más enemigos de los que pensaba. Y lo que más
le sorprende es que le ganó enemigos entre quienes eran sus partidarios.
Aún así, sigue con ventaja, por el apoyo recibido de
Manuel Espino, quien ha instruido a muchos comités estatales de hacerle el
vacío a Felipe Calderón.
Calderón, por su parte, se encuentra con bloqueos
sutiles y otros no tan sutiles. Y con la franca hostilidad de Los Pinos. Esta
confrontación pondrá a prueba su temple, porque marcha contracorriente.
Alberto Cárdenas es una pieza del juego de ajedrez de
Los Pinos, pero su personalidad no ha calado. Es posible que al final se alíe a
Santiago Creel.
La prueba para los tres será el ocho de septiembre.
En ese primer debate, si es abierto, se puede definir todo.
La primera elección regional panista será tres días
después, el once de septiembre.
PRIÍSTAS
Ausente, porque no se ha dejado ver en actos
públicos, la profesora Elba Esther Gordillo podría tener en sus manos el futuro
del PRI.
Por ahora parece haberse aliado con Arturo Montiel,
con tal de intentar superar el obstáculo que representa el Consejo Político
Nacional del PRI, donde cuenta con pocas simpatías.
Intentó prematuramente hacerse del control, al
presentarse como mediadora entre Roberto Madrazo y Arturo Montiel. Madrazo no
acudió a la reunión convocada por la señora Gordillo, con lo que la deja a que
enfrente al Consejo por sí misma.
Montiel ha empezado a realizar una campaña agresiva.
Hasta ahora sus declaraciones han sido moderadas, pero algunas de ellas
muestran que una, vez en la brecha de la campaña, los dardos que intercambiará
con Madrazo serán venenosos.
Madrazo, aunque a la defensiva, sigue haciendo
campaña en los Estados y tratando de construir una estructura que le permita ganar
la elección interna.
Como se ha dicho en este espacio, si Montiel y
Madrazo hacen una campaña tan encarnizada como la de Labastida y Madrazo hace
seis años, la fractura de la estructura priísta les impedirá ganar la
Presidencia.
Ese es el gran dilema: como ganar sin destruir la
frágil unidad del partido.
Hay quienes creen que una vez que haya candidato
todos se alinearán, como en el pasado.
Quizá se piensa así porque no se ha entendido que el
ánimo de la sociedad, el ánimo de los militantes de los partidos, en suma, el
ánimo de los ciudadanos es otro, muy distinto, tan distinto que algunas
predicciones pueden fallar, incluida esta.