En el Partido Acción Nacional las circunstancias
parecen haber variado.
Aunque conserva la ventaja el ex secretario de
Gobernación Santiago Creel, y a pesar de que sus seguidores difunden encuestas
que lo muestran casi invencible, el hecho es que cada vez se le acerca más
Felipe Calderón.
Calderón ha escogido bien su discurso y su premisa de
que los panistas han sido tratados como intrusos en el gobierno foxista.
Y todo parece indicar que la elección del candidato
presidencial del PAN se irá hasta el mes de noviembre, lo cual indudablemente
significará un gran desgaste interno para el partido.
La incógnita es si Alberto Cárdenas Jiménez, el otro
contendiente, se une a Creel o a Calderón en la segunda vuelta.
Eso, al final, podría definir una contienda que parece
haberse empatado, a pesar de la ventaja con que arrancó Creel.
CONTENCIÓN
Una vez escogido el gobernador del Estado de México
Arturo Montiel Rojas como el candidato del grupo Unidad Democrática, mejor
conocido como el Tucom, la tarea más urgente es las circunstancias en que
ocurrirá la selección del sucesor de Roberto Madrazo en la presidencia del CEN
del PAN.
No tuvo que esperar la profesora Elba Esther Gordillo
para averiguar que la situación que enfrentará será muy difícil.
En Saltillo, el secretario técnico del Consejo
Político Nacional Mariano Palacios Alcocer hizo un análisis fríamente jurídico
de cómo tendría que ser la selección del sucesor de Madrazo.
No negó el derecho de la secretaria general a relevar
al tabasqueño, pero le advirtió que el Consejo Político Nacional puede acotar
en tiempo su gestión al frente del partido.
Y a guisa de reproche, frente a frente, reprochó a la
maestra sus coqueteos con los adversarios del PRI y su vinculación con el
partido político Nueva Alianza, cuyo liderazgo ostensiblemente está en manos
del SNTE, organización magisterial bajo absoluto control de la señora Gordillo.
Una vez desahogada la suerte de la profesora, el PRI
tendrá que sumergirse en el proceso de la elección interna, abierta a todos los
votantes, para escoger su candidato presidencial entre Montiel y Madrazo.
En 1999, la elección interna del PRI fue tan
encarnizada, que nunca se consiguió que los seguidores de Madrazo se
reconciliaran con el grupo de Francisco Labastida. Y el PRI perdió la elección.
En las próximas semanas se averiguará si los priístas
aprendieron la lección de 1999 y evitarán choques frontales entre los dos
precandidatos.
O si son fieles a la vieja máxima de que el hombre es
el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra.
SOLEDAD
El único precandidato presidencial del PRD Andrés
Manuel López Obrador está de vacaciones.
Y ha dejado un lapso de silencio y ausencia en los
medios de comunicación que le obligará a un doble esfuerzo en su gira de
proselitismo que empieza el próximo jueves.
Además, ha recibido el peor ataque que ha lanzado
hasta ahora el EZLN, según el comunicado difundido por el “subcomandante
Marcos” el pasado 6 de agosto.
Ha dicho “Marcos” que López Obrador traicionó al
EZLN. Y fue más allá, a los representantes de organizaciones civiles y
políticas reunidas en Chiapas a convocatoria del líder “zapatista” les dijo que
tienen que definirse.
Dijo que los que estén con el PRD y con López Obrador
no podrán estar con el EZLN.
Calificó al PRD como “un partido de sinvergüenzas que
han engañado durante doce años a los “zapatistas”.
Eso representará una dificultad para el tabasqueño,
porque tendrá ahora que convencer a esas organizaciones civiles y políticas que
sigue siendo un líder de izquierda, para contar con su voto.
Y luego viene la otra tarea, igualmente difícil.
Sus giras por la República, la visita de 54 ciudades
en esta primera etapa de su precampaña no tienen otro objetivo que convocar a
los millones de votantes que no son simpatizantes del PRD y a los que no
simpatizan con ningún partido.
El silencio ha sido muy largo, ahora tendrá que
recuperar la atención del público. Y de los medios.
Y para ello tendrá que formular un discurso agresivo,
provocador, el cual puede revertirse, si exagera la nota.
TRASCENDENTE
Mientras la Nación parece distraerse en los temas de
la carrera presidencial y en discusiones triviales entre políticos, en la
República se multiplican los hechos de violencia del crimen organizado.
Salvo notas sensacionalistas, tanto los medios como
los gobiernos de los tres niveles parecen negarse a reconocer que la violencia
del crimen organizado es ya una amenaza a la integridad del Estado.
La innegable vinculación con autoridades policíacas,
la probable complicidad de algunos miembros del Poder Judicial y la complicidad
por omisión de muchas autoridades políticas, empiezan a crear un caldo de
cultivo muy peligroso.
En política las percepciones son la realidad. Y la
percepción actual es que el Estado mexicano está siendo derrotado por las
mafias del narcotráfico.
La cercanía del proceso electoral, el discurso de una
gobernabilidad democrática mal entendida y la presunción de que la tolerancia
absoluta es el camino parecen haber paralizado al Estado mexicano.
La existencia y crecimiento de las células de los
sicarios “Zeta” es la prueba de la indecisión gubernamental. Nació de un núcleo
de ex militares que traicionaron al Ejército y se han convertido en el pie de
cría de una agrupación de asesinos a sueldo, bien entrenados, mercenarios al
servicio de las mafias del crimen organizado, particularmente de las mafias del
narcotráfico.
El discurso oficial nos dice que el Estado está
fuerte, pero la percepción de la opinión pública empieza a ser de indefensión.
La incapacidad para contener al narcotráfico abre la
puerta para el otro riesgo: la integridad del aparato político institucional.
En un año electoral, empiezan a surgir dudas acerca
de cuántos aspirantes a puestos de elección popular podrían ceder a la
tentación de ser corrompidos por las mafias del narcotráfico.
Y si el aparato político institucional se contamina
de la corrupción que por ahora asola a las corporaciones policíacas, habrá
entrado la Nación en un callejón sin salida.