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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 2

31 de julio de 2005

Número 68

 

A reserva de que en las próximas semanas el sitio cafepolitico.com inicie la presentación del resumen semanal de lo más trascendente de las campañas políticas y del proceso electoral para la Presidencia, hoy ofrecemos una suerte de resumen de cómo se empiezan a posicionar los actores de la ya inminente campaña.

 

PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA

 

Todo lo ocurrido esta semana en el PRD obedece a la estrategia diseñada por Andrés Manuel López Obrador.

Elaboró su calendario de actividades y todo se sujetará a él. Renunció el día que dijo lo haría, rindió su informe de acuerdo a lo acordado, lo reemplaza la Asamblea Legislativa con Alejandro Encinas el día que estaba previsto y se registra como precandidato único a la Presidencia el día que dijo lo haría.

Nada se hizo que no hubiera decidido López Obrador, cuyo control sobre el partido es absoluto.

Sabe que la candidatura de Marcelo Ebrard a la jefatura de gobierno del DF le costará más trabajo, sólo se negociará con los grupos perredistas para el reparto de posiciones, tanto en el futuro gobierno como en el partido.

Se va unos días de vacaciones y el próximo 11 de agosto empieza su campaña en Tijuana. Durante esa primera etapa visitará poblaciones de Baja California, Sonora, Sinaloa, Nayarit y Jalisco.

Enfrentará varios retos.

Tendrá que compensar con declaraciones desafiantes el vacío en que operará, una vez sin la plataforma poderosa que significó ser jefe de gobierno del DF.

Deberá consolidar sus redes ciudadanas, para asegurarse que su figura y su nombre no sólo son reconocidos, sino que ganan aceptación fuera del Distrito Federal, porque sabe que necesitará muchos millones de votos –cuando menos ocho millones-, para ganar la Presidencia de la República.

Para todo esto necesitará recursos. Por ahora ni la captación de esos recursos ni su gasto serán vigilados por las autoridades electorales. A eso se atendrá.

Asegura que no tiene dinero para la campaña. Eso no es cierto, porque solamente de los grupos de la economía informal del DF, las redes tejidas por René Bejarano, Martí Batres y Dolores Padierna, han obtenido lo suficiente para la precampaña y quizá hasta para la campaña electoral.

Pero esa será la bandera: “…es el pueblo el que hace la campaña…”

Ofrece que no hará campaña mediática, lo cual es absurdo en esta época de grandes medios de comunicación masiva.

Sabe bien que la derrota de Cuauhtémoc Cárdenas en 1994, entre otros factores, se debió a la insistencia de Cárdenas de “pueblear”, sin tener excesiva presencia en los medios.

Lo veremos en los medios, de una u otra forma.

La realidad le exigirá encontrar los adversarios adecuados a su estilo provocador y agresivo.

Esas riñas políticas tendrán como escenario los medios de comunicación masiva.

La incógnita es que si a una tan predecible estrategia no le responderán los adversarios con un vacío, un vacío que sólo se llenaría en los dos o tres debates entre candidatos presidenciales el año próximo.

Es, pues, una estrategia riesgosa. Pero tiene confianza, porque las encuestas lo colocan a la cabeza de todos los aspirantes.

El problema será mantenerse a la cabeza durante once meses.

 

PARTIDO ACCIÓN NACIONAL

 

La percepción general es que el Partido Acción Nacional ha perdido terreno, a causa de lo que el precandidato Alberto Cárdenas Jiménez llamó “el descorazonamiento con el régimen del Presidente Fox”.

A pesar de poseer una trayectoria más sólida, Felipe Calderón Hinojosa se ha topado con resistencias desde el aparato gubernamental y desde Los Pinos. Navega contra corriente y aún no consigue acortar la distancia que lo separa del puntero Santiago Creel.

Creel ha logrado conservar el apoyo del aparato gubernamental, pero tiene el problema de los permisos de juego otorgados poco antes de renunciar a la Secretaría de Gobernación.

Es un asunto que no soltarán sus adversarios y que, si fuera el candidato presidencial panista durante la campaña, se lo echarían en cara constantemente.

Hará el PAN cinco elecciones regionales, y si de ellas no surge un claro ganador, los dos mejor posicionados se disputarán la candidatura en una elección nacional –entre panistas, claro- el próximo mes de noviembre.

Tiene el Partido Acción Nacional el problema de impedir que el Presidente Fox, tan dispuesto a demostrar que es tan panista como el que más, con sus intervenciones en los procesos no los contamine.

Igualmente, quienquiera que sea el candidato presidencial por el PAN tendrá que decidir como lidiar con el activismo presidencial, un activismo que, por inusitado en México, puede manchar el proceso electoral.

El problema para el panismo, el fundamental, es que Creel, el puntero, puede ser un candidato muy débil y eso significaría que el PAN saldría de Los Pinos.

 

PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL

 

El priísmo está inmerso en proceso muy complicado.

Vive los mismos rencores, resquemores e insidia de siempre, sólo que antes quien decidía era el Presidente de la República. Él los ponía en orden.

Ahora, sin la figura presidencia como árbitro supremo, los priístas estarán sujetos a sus propias ambiciones, a sus hondas diferencias y a sus riñas internas.

Aunque ya decidieron cómo elegir al candidato presidencial, el hecho es que Roberto Madrazo tiene el control absoluto del partido y su estructura.

Los gobernadores y el senador Enrique Jackson tienen que pelear, paradójicamente, contra la misma estructura sobre la que se sustentará la campaña presidencial.

Quienquiera que gane la candidatura tendrá que lidiar con los resabios de la derrota, con la agenda personal de la profesora Elba Esther Gordillo y con el descontento.

Hasta 1982, el PRI impidió su dispersión gracias a que los perdedores siempre obtenían algo, los ganadores no se llevaban todo.

Cuando rompieron esa costumbre empezó su declinación.

Ahora, librados a sus propias fuerzas e ideas, los priístas tendrán que impedir la dispersión. Y quizá recurrir a la vieja receta de que nadie gana todo.

Porque aún unidos enfrentarán al antipriísta que ahora puede refugiarse en el PRD y la estructura podrá no bastar pare convencer a casi 20 millones de votantes sin partido de que el PRI ya cambió, que nada será como antes.

 

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