La afluencia modesta al mitin convocado por el
Presidente Fox para celebrar el triunfo del 2 de julio de 2005 fue la
consecuencia de una serie de errores tácticos cometidos por el PAN y la falta
de una estrategia coordinada para el evento.
Es una exageración decir que fueron 120 mil personas,
como afirmó la Secretaría de Seguridad Pública Federal.
La cifra proporcionada por reporteros experimentados
es de alrededor de 10 mil personas que se congregaron en el Angel de la
Independencia.
Los errores cometidos en Los Pinos y en el PAN fueron
el resultado exitoso de la estrategia de amedrentamiento puesta en marcha por
el PRD y por el PRI.
La convocatoria original era eminentemente política
electoral.
Y era necesaria, porque nunca como ahora ha estado el
panismo tan urgido de una revitalización anímica.
Un evento que les recordara cómo arrebataron la
Presidencia de la República era lo aconsejable.
Pero se dejaron asustar por las reclamaciones
priístas y perredistas y terminaron por quitarle identidad al evento en el
Angel de la Independencia.
Y esa falta de identidad del evento se reflejó en el
discurso difuso del Presidente de la República.
No tuvo el vigor que en estos actos suele tener la
palabra del licenciado Fox.
Un discurso que no emocionó a la concurrencia, porque
el ánimo actual del panismo, igual que el del priísmo y perredismo, es el de
estar inmerso en una lucha por el poder.
El discurso de la democracia como ideal no es el
apropiado para tal estado de ánimo.
El CEN del PAN careció de imaginación y el evento fue
mediocre.
Han dejado pasar una espléndida oportunidad para
reanimar a los propios y para demostrar que defenderán la Presidencia con todos
los recursos a su alcance.
EMPEZÓ LA CUENTA ATRAS
Ayer empezó la cuenta regresiva para las elecciones presidenciales
de 2006.
Ahora, como nunca, las encuestas serán parte de la
lucha política.
Sin embargo, las encuestas, como se ha dicho en este
espacio cibernético, son apenas una fotografía. Y fotografía inexacta, porque
en los porcentajes que se proporcionan no se incluye el gran número de
indecisos, indiferentes o ignorantes que no contestan. Y esa cifra en algunas
encuestas es hasta la cuarta parte de los encuestados, lo cual distorsiona los
resultados.
Al final del día, las encuestas se han convertido en
una herramienta mediática, pero no necesariamente reflejarán los números que
mostrarán los resultados de la elección de 2006.
Faltan 364 días para esa elección y todavía no
conocemos la reacción del electorado a la existencia de candidatos reales y
formales a la Presidencia.
Aún no sabemos cuál será la reacción cuando el nombre
de un candidato se ligue al de un partido político.
Y menos sabemos cuál será el desempeño de ese
candidato y ese partido durante la campaña electoral.
Uno de los grandes objetivos de cada uno de nosotros,
como votante, será formar nuestra opinión de cómo debe ser el proceso
electoral, cómo debe ser la elección y cuál el comportamiento de cada uno de
los partidos.
Hace cinco años, a las 14 horas se supo que las
encuestas de salida mostraban un ganador: Vicente Fox. Y luego del anuncio en
la televisión que confirmó esas encuestas a las 18 horas, todo mundo esperaba
únicamente la confirmación oficial del IFE y la aceptación de los resultados
por los derrotados.
Nadie pensó siquiera que el resultado que desplazaba
al PRI de la Presidencia debiera ser cuestionado. Se creyó en el resultado y
todo transcurrió ordenada y pacíficamente.
El azoro de la mayoría no se tradujo en reclamaciones
y desorden.
Ese debe ser el objetivo: una campaña electoral
peleada, polémica, y salpicada de discursos violentos. Pero nada más.
Una elección pacífica y una transmisión pacífica del
poder.
Lograr eso por segunda vez en la historia significará
la verdadera consolidación de la democracia.