Atrapado en la contienda electoral, y la construcción
de una candidatura que le permita al PAN retener el poder, el gobierno del
Presidente Fox intentó durante algunos meses rechazar la posibilidad de que el
crecimiento de las mafias del crimen organizado es ya un desafío al poder del
Estado Mexicano.
Ha tenido que reaccionar con un programa
espectacular, como casi todas las medidas relacionadas con la seguridad.
El programa “México Seguro” es sin duda insuficiente
para la dimensión del reto al Estado.
No se han dado cuenta que ya no tiene vigencia
aquella respuesta de Díaz Ordaz -"México es el trampolín y Estados Unidos
la alberca"-, porque poco a poco el crimen organizado convierte a México
también en país consumidor.
Tiene el Presidente Fox otra vez la oportunidad de
convocar a un combate contra el crimen organizado, pero no atinan a delinear un
plan con acciones de corto, mediano y largo plazo.
Y está quedando como último recurso la utilización
del ejército para combatir al crimen organizado.
Hay quienes sugieren que todas las policías federales
queden bajo el mando del Ejército, para así tener un plan inteligente para
combatir a la criminalidad.
Otros proponen que al frente de las estructuras
policíacas se ubique a militares que las manejarían más eficazmente.
Ideas hay muchas, pero ninguna parece llegar al
despacho presidencial.
Y ocupados los funcionarios en la contienda
preelectoral y en las maniobras palaciegas, el país empieza a vivir etapas que
en Colombia costaron miles de vidas.
Ya empezó el asesinato contra jefes policíacos
menores, como se advirtió en este espacio cibernético.
Sólo falta que empiecen a morir personajes de la
política, asesinados por el crimen organizado.
El Presidente está a tiempo de actuar.
Quizá él y los políticos de otros partidos deban
olvidarse un poco de sus obsesiones políticas y dedicarse un poco más a sentar
las bases para que la sociedad mexicana sea verdaderamente protegida de la
criminalidad.
Si no, quien quiera que gane la Presidencia de la
República, recibirá un Estado debilitado y gobernará una población que está
cada vez más desprotegida.
El reto del crimen organizado, abierto y frontal, es
el problema más grave que tiene la República.