La semana nos ha ofrecido apenas un atisbo de lo que
será el clima para las elecciones presidenciales en 2006.
Lo más relevante, sin duda, es la impetuosidad con
que el Presidente Fox se lanzó, no a defender su gobierno, lo cual es legítimo,
sino a hacer abiertamente campaña por el Partido Acción Nacional.
La estrategia es obvia: conseguir que el PAN comparta
la popularidad de que aún goza el Presidente Fox.
Es la táctica equivocada, porque en una sola semana
ha tenido encontronazos con el Poder Legislativo, con el Poder Judicial y con
los medios de comunicación.
Y sólo contribuye a enrarecer la atmósfera política,
pues no hay duda que desde la oposición hay poca tolerancia y eso contribuirá a
debilitar nuestra a veces desfalleciente democracia.
Nadie en su sano juicio espera que el Presidente Fox
se mantenga al margen del proceso electoral. No está en su carácter y, de
alguna manera, la elección presidencial de 2006 es crucial, porque se trata de
retenerla.
Pero no contribuye a la concordia cuando sus discursos
de fin de semana, definitivamente partidarios de Acción Nacional, suelen ser
provocadores, más propios de un candidato, no del Ejecutivo Federal.
Es evidente que el Presidente de la República
disfruta estar en campaña, pero no puede olvidarse lo que se ha repetido muchas
veces: a año y medio de que termine su sexenio, su obligación fundamental es
garantizar la tranquilidad electoral y una transmisión ordenada y pacífica del
gobierno a quien quiera que sea su sucesor.
De seguir así, será él quien cargará con la
responsabilidad si se altera la convivencia pacífica con sus adversarios.
En su discurso en Veracruz, no fue tolerante. Y menos
lo fue su esposa, quien aseguró que “hemos roto mitos, creado nuevos
paradigmas”. El hemos, empleado con ligereza, no contribuye a reforzar ni la
popularidad, ni la imagen presidencial. La debilita.
El activismo presidencial, a pesar de sus
afirmaciones, en estricto rigor está dando por terminada la fase administrativa
del sexenio. Ahora empieza su campaña para conseguir que el PAN no salga de Los
Pinos.
Eso, en los siguientes meses, puede ser un efecto
desestabilizador del proceso de las elecciones presidenciales.
GOBERNACIÓN
Es una lástima que el Presidente Fox tolere que
Santiago Creel se cuelgue todas las medallas posibles, aún aquellas que no
existen.
En una entrevista periodística se atribuyó el mérito
de haber desactivado el desafuero de López Obrador. De alguna manera lo que
dice es: “el mérito es mío, no del Presidente”.
Y es una incongruencia, toda vez que él, Creel, fue
uno de los principales impulsores de ese desafuero.
Días antes, cuando aseguran que se desvelaba por
encontrar una salida política al caso del desafuero, todavía pronunciaba
discursos en los que sostenía que ante todo en ese caso el gobierno actuaba con
la ley en la mano.
Sea o no cierto que es el favorito del Presidente
Fox, es de una deplorable deslealtad que se atribuya méritos que no tiene.
Deja demasiados pendientes en Gobernación, sobre todo
una patética incapacidad para ser un vehículo de comunicación y negociación.
Muchos de los proyectos de ley del Presidente no avanzaron por la impericia
para cabildear y por la versallesca tentación de no ceder, para no incurrir en
la ira presidencial.
En esto, como se ve, no hay ningún nuevo paradigma.
Menos cuando Creel, como Secretario de Gobernación,
no estuvo dispuesto a dar las peleas del Presidente. Lo hizo cuando lo creyó
conveniente, pero jamás para arriesgar su propia imagen.
En cuanto a su sucesor, muy polémica a sido su
designación.
Carlos Abascal Carranza es visto como un
representante de una derecha que se ha convertido en el fantasmón de priístas y
perredistas.
No hay duda que el señor Abascal tiene una posición
ideológica muy definida –en eso lleva ventaja sobre Creel- sus convicciones
religiosas nunca las ha ocultado.
En tanto no se pruebe que antepone su ideología al
interés público y a sus responsabilidades en su nuevo encargo, merecerá al
menos el beneficio de la duda.
Como ya lo han comentado algunos analistas, a
diferencia de Creel, cuya ideología es el oportunismo, Abascal llega a la
Secretaría de Gobernación con la fama de ser un hombre de principios.
Y, aunque no se esté de acuerdo con esos principios,
se tiene que reconocer que siempre será preferible negociar con alguien de
quien se sabe bien a bien cómo es, y sobre todo, en qué cree.
Llega con el respaldo de la esposa del Presidente
Fox, esa es una circunstancia a considerar, porque se pondrá a prueba la
reconocida integridad de Abascal.
Curiosamente la designación de Carlos Abascal pondrá
a prueba durante año y medio la pregonada tolerancia que todos los políticos,
de todos los partidos, dicen tener.
En una verdadera democracia, tienen derecho a
coexistir todas las corrientes de pensamiento, aún las más radicales.
Siempre y cuando respeten el entramado liberal y
laico de la Constitución.
En los espacios políticos hay lugar para los más
radicales de izquierda o de derecha, siempre y cuando respeten las vías
institucionales y legales para disputar el poder.
Mientras lo hagan es de una enorme deshonestidad
intelectual, política y moral descalificar a nadie por lo que piensa..
Si el famoso “Mosh” decidiera participar en la
contienda por el poder por la vía legal a institucional, nadie podría negarle
ese derecho.
Se está en desacuerdo con las ideas, la ideología y
el modo de pensar, pero se tiene que respetar a las personas.
Si esa lección la aprendemos en los siguientes meses,
tan difíciles, habremos dado el paso fundamental para que madure la democracia
mexicana.