Con el Café 24/Abr/05
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 2

24 de abril de 2005

Número 56

 

NO HAY ATAJOS HACIA EL PROGRESO

 

En medio de acontecimientos vertiginosos, cambiantes y con frecuencia erráticos, en un ambiente convulso y exasperadamente absurdo como en los últimos seis meses, quisiéramos compartir con la Comunidad del Café una reflexión, invitarlos a una pausa de reflexión.

Nadie está contra una evolución del país. Menos contra el combate a la pobreza y la desigualdad. El desacuerdo está en cómo lograrlo.

Se equivocan quienes creen que la evolución de la Nación puede llegar sin sacrificios.

Para alcanzar los objetivos del bien común hay que sacrificar las ambiciones políticas, primero, las de personas y de grupos.

Tendríamos que unificarnos en torno a objetivos comunes y mostrar una real disposición al diálogo.

Y en ese diálogo estar dispuestos a negociar, reconociendo que negociar significa ceder, una suma de concesiones que beneficien a la Nación.

El ambiente está muy crispado, exageradamente crispado, porque los políticos de todos los partidos y los medios de comunicación están inmersos en un acalorado y exaltado debate.

Esa discusión ensordecedora tiene a la nación en una guerra política de trincheras.

Y en las guerras de trincheras, son las infanterías, los ciudadanos comunes los que sufren las consecuencias de los furibundos discursos y escritos, cargados de hipocresía, de los políticos de todos los partidos, de funcionarios, académicos y comunicadores.

Nadie quiere negociar, nadie quiere ceder. Estamos rodeados de políticos fundamentalistas, mesiánicos, cuya soberbia les hace pensar que son los únicos poseedores de la verdad.

En situaciones así, las naciones necesitan de liderazgos, pero en México los liderazgos están sometidos a la dictadura de las encuestas. Esta dictadura les impide a los políticos y a los funcionarios tomar medidas impopulares.

Porque no siempre lo que es popular es lo que más conviene a la Nación.

Elegimos gobernantes para que conduzcan, no para que busquen incansablemente la popularidad.

Las ambiciones políticas están desatadas. Se multiplican los discursos cargados de rencor y odio. Y amenazan con meter a la Nación en un callejón sin salida, uno de esos callejones de los que no se sale sin violencia.

Y en la violencia, el ciudadano común siempre pierde.

El avance, el crecimiento de la economía, la creación de empleos y la reducción de la desigualdad y la pobreza, debieran ser las prioridades.

No lo son, porque si lo fueran no se ofrecieran soluciones fáciles, como lo hacen todos, políticos y funcionarios.

Desconfiemos de los que nos ofrecen gratis vivir en medio de ríos de leche y miel.

Nadie sabe mejor que los mexicanos que nada es gratis.

Decían los troyanos: “desconfía de los griegos que traen regalos”. Así, desconfiemos de los que nos ofrecen llevarnos al progreso por atajos. Para el progreso de las naciones no hay atajos, sólo caminos difíciles, fatigantes y agobiantes.

 

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