Con el Café 17/Abr/05
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 2

17 de abril de 2005

Número 55

 

RECELO

 

El caso del desafuero de Andrés Manuel López Obrador empieza a amenazar con salirse de los cauces institucionales, lo cual sí sería un retroceso.

El planteamiento de controversia constitucional que hizo la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, con la consiguiente controversia presentada por la Cámara de Diputados, han puesto en tela de juicio el procedimiento mismo del desafuero y, lo más importante, la destitución que suele ser la consecuencia de los juicios de procedencia.

Esto, al final de cuentas, en cualquiera otra circunstancia sería un enredo que tendría que desatar el Poder Judicial.

Sin embargo, empieza el asunto a convertirse en una verdadera confrontación de poderes. Un poder local, como el gobierno del Distrito Federal, se enfrenta al Poder Ejecutivo de la Federación. Ese mismo poder local está enfrentado al Poder Legislativo de la Federación.

Y, de paso, ese poder local ha cuestionado la integridad del Poder Judicial y de los mismos organismos electorales que vigilarán y garantizarán la limpieza y legalidad de las elecciones presidenciales en las que pretende participar el señor López Obrador.

El desafío perredista se ha visto alentado por la reacción de algunos medios norteamericanos, vinculados sin duda a los intereses económicos de los grandes inversionistas, muchos de los cuales están convencidos de que López Obrador gobernaría como el brasileño Lula da Silva, quien ha gobernado con programas moderados y prudentes, a pesar de las protestas de sus seguidores.

Así, han decidido, como se previó en este espacio la semana pasada, que las conferencias “jardineras” no bastan. Empezará a hacer recorridos López Obrador por el territorio nacional, para atraer con su personalidad a los votantes que son ajenos al PRD.

La estrategia, hasta ahora, ha funcionado, pues ha puesto a la defensiva otra vez al gobierno del Presidente Fox.

No obstante, tienen que ser vistas con recelo sus permanentes descalificaciones a todo lo que considera obstáculos para su propósito.

Con el suficiente recelo para hacerse preguntas:

¿Cómo reaccionaría López Obrador, ya Presidente, a una crítica sistemática e implacable como la que recibe el Presidente Fox?

¿Cuál sería su comportamiento hacia un Poder Legislativo que no controlara, si se prevé que el Congreso en 2006 estará tan dividido como ahora, y que nadie tendrá la mayoría?

¿Cómo será su trato con un Poder Judicial al cual ha dicho que reformaría? ¿En qué consistirían esas reformas? ¿Serían para hacerlo más autónomo o para someterlo al Ejecutivo, como en el pasado?

¿Cómo sería el trato a sus adversarios, especialmente a todos aquellos que han sido abiertamente sus opositores y críticos?

¿Acataría López Obrador, ya Presidente, los fallos de los jueces, aunque le fueran adversos?

¿Mantendría la autonomía e independencia de los organismos electorales a los cuales ha descalificado constantemente?

Muchos se hacen esas y muchas otras preguntas.

Y quizá por eso habría que modificar la estrategia de confrontación a la que le han apostado todo.

 

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