Esta ocasión no reseñamos para nuestros lectores
cibernéticos lo ocurrido durante la semana, salvo la entrevista Fox-Bush, e
intentaremos reseñar la semana que apenas empieza.
La entrevista del Presidente Fox con George Bush y el
Primer Ministro canadiense Paul Martin transcurrió sin mayores contratiempos,
transcurrió conforme a una agenda muy estricta previamente acordada.
Sólo en la conferencia de prensa se abordó el tema
migratorio. Lo más que se obtuvo fue una obvia condena de Bush a los
cazamigrantes y una vaga promesa de que se impulsará en el Capitolio un acuerdo
de trabajadores temporales.
Por lo demás, México aceptó formar parte del círculo
de seguridad norteamericano, para lo cual se han empezado a magnificar los
problemas en nuestra frontera sur, problemas añejos, pero convenientemente
magnificados en los medios.
Y no sabemos cuáles compromisos contrajo el gobierno
mexicano, porque no han sido suficientemente explicados por Los Pinos.
SEMANA CRUCIAL
La semana que empieza será crucial, no por el tema
del desafuero de López Obrador, aunque sea un componente de la situación, sino
porque al parecer nadie tiene intención de contribuir a una distensión del
enconado clima político.
Como se ha insistido en este espacio, la lógica
política -que existe, aunque a veces se dude-, indica que López Obrador no será
desaforado.
Lo trascendente es el lenguaje de los actores de la
política, crecientemente agresivo y maniqueo.
Es un lenguaje que explota el rencor social,
capitaliza las desigualdades y promueve el encono en la sociedad.
Tal parece que el tema del desafuero sólo ha sido un
pretexto para la utilización de ese lenguaje rencoroso.
Eso es lo que se define esta semana: el lenguaje que
se empleará en la campaña electoral que estará en marcha antes de cinco meses.
El país tiene muchos problemas, quizá demasiados, los
cuales no son atendidos porque el lenguaje arrincona a los políticos, a los
partidos y al gobierno y les impide negociar para alcanzar acuerdos.
Sin acuerdos, los problemas no se resolverán, se agravarán,
y muchos sectores de la sociedad de todo el espectro de la geometría política
se confrontarán y harán aún más difícil el diálogo político.
Porque lo que tenemos, a pesar de las superficiales
declaraciones, no es diálogo político.
Y sin diálogo político, las tensiones se acumulan y
la sociedad se vuelve campo propicio para las explosiones sociales, resultantes
de una irresponsable explotación política.