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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

13 de febrero de 2005

Número 47

 

EL CASO NAHUM

 

El caso Nahum ha puesto al régimen del Presidente Fox en un predicamento.

Si la penetración del narco en el círculo de Los Pinos es auténtica, el Presidente tiene un problema muy grave.

Por otra parte, si se trata del principio de una cacería de enemigos, como algunos insinúan, mal haría el Presidente en emplear el último tramo de su sexenio para ajustar cuentas, cuando hay otras y más trascendentes responsabilidades.

 Durante su gira a España pareció reconocer esa trascendente responsabilidad y explicó a la prensa que tiene que conducirse un proceso electoral pacífico y ordenado.

Si fuera auténtica la infiltración en Los Pinos, los medios de comunicación hacen mal en aprovechar el incidente para emprender una campaña contra Los Pinos.

Si no lo fuera, en lugar de escandalizar y especular, es en los medios donde tendría que demostrarse.

Como todo lo que hace el gobierno del Presidente Fox, tristemente, el asunto es empleado para descalificar al régimen.

Es que desde hace tiempo ya es un deporte nacional criticar, con o sin razón, al Presidente.

Y, como se ven venir los acontecimientos, quizá tenga razón y cuando deje la Presidente lo extrañemos.

 

LOPEZ OBRADOR

 

Sin enseñar sus cartas, durante varios meses Andrés Manuel López Obrador ha realizado una paciente, pero sistemática, tarea política para controlar al PRD.

Las críticas porque quienes dirigirán al partido del sol azteca, tanto en el DF como a nivel nacional, hayan recibido el sello de aprobación del jefe de gobierno del DF, cuando no han sido impulsadas por él, son críticas ociosas, porque desconocen el oficio político que ha requerido convertir al PRD en su partido.

Muchos creían que no sería posible que las tribus cedieran. Subestimaron la ansiedad que empieza a cundir en todas las versiones de la izquierda, pues por primera vez en su historia son verdaderos contendientes por la Presidencia de la República.

Para la izquierda, en todas sus contradictorias versiones, desde el "progresismo" de los ex priístas hasta la "reconstrucción de la utopía" de los radicales, ha sido una larga jornada.

Desde 1978, cuando salió de la clandestinidad el Partido Comunista, han pasado 27 años, poco más de una generación.

Y, ahora sí, sin importar lo que se piense de una Presidencia a cargo de López Obrador, tienen una posibilidad seria de ganar la Presidencia por la vía electoral.

No es un logro menor.

Por eso todas las corrientes perredistas se han disciplinado a López Obrador. Saben que con él como candidato la posibilidad de triunfo es real. Sin él, seguirían condenados a ser siempre la tercera fuerza política de la República.

Esa visión la ha manejado con inteligencia López Obrador, lo que le ha permitido que el partido haya sido puesto a su disposición.

 

LA ORFANDAD

 

Nunca como ahora había sido más evidente la orfandad de los priístas, la falta que les hace el poder de la Presidencia para encauzar los conflictos, las diferencias y, sobre todo, para controlar el proceso de selección del candidato presidencial.

Siempre se dijo en este espacio cibernético que el dilema para los priístas sería ser capaces, sin dividirse y fracturar la unidad, de escoger a un candidato a la Presidencia.

El choque ocurrido entre Roberto Madrazo y Arturo Montiel es la mejor muestra.

Arturo Montiel Rojas lanzó el primer disparo, cuando en la reunión del grupo Unidad Democrática se apartó del discurso conciliador y promotor de la unidad de sus colegas de grupo.

Cuestionó los avances que según Madrazo ha tenido el PRI y, aunque sin mencionarlo, acusó al dirigente nacional priísta de engañarse a sí mismo.

La respuesta fue violenta. Madrazo envió a su secretario de acción electoral a responderle duramente a Montiel. Luego retiró a los delegados del CEN, todos ellos experimentados operadores electorales, y dejó acéfala la dirección mexiquense del PRI.

Montiel se equivocó, porque se dejó llevar por el nerviosismo que le provocó el impulso de Enrique Jackson, quien cuenta con el respaldo de la mayoría de los senadores priístas. Y, sobre todo, por dejarse influenciar por los más exaltados de sus asesores.

Y se equivocó también Roberto Madrazo, porque el choque con Montiel puede dejarlo en una situación muy frágil. No sólo a él, sino también al PRI, el cual no puede siquiera imaginar regresar a Los Pinos si no cosecha los votos del Estado de México en las elecciones presidenciales.

El pecado es doble para Madrazo, porque mientras Montiel ha conducido una muy errática campaña por la candidatura presidencial del PRI, el tabasqueño se ha manejado con extrema inteligencia. Desde que se alió con Elba Esther Gordillo para ganar la presidencia nacional ha maniobrado, ha hecho y deshecho alianzas, se ha librado de adversarios y ha logrado un control admirable de la estructura nacional del partido.

Al chocar con Montiel abierta y públicamente, Madrazo pudo haber cometido un error fatal, porque ese choque podría significar el principio de una fractura irreparable.

Si no dirimen pronto sus diferencias, el pasado viernes 11 de febrero pudieron haber perdido con mucha anticipación las elecciones del 2 de julio de 2006.

Y haber abierto la puerta para un choque de trenes.

 

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