En varias entregas de este espacio cibernético se
advirtió sobre el riesgo de violencia electoral, por la simple y sencilla razón
de la ineficaz utilización de los organismos de inteligencia del Estado.
Tanto se criticó a los gobiernos priístas por el
empleo político de los organismos de inteligencia que el régimen foxista se ve
inhibido por concepciones utópicas del Estado que le impiden cumplir plenamente
con sus tareas en esta materia.
Por razones de imagen se ha coartado el quehacer de
los organismos de inteligencia y el resultado es que en pleno período
electoral, a 24 horas de los comicios en Guerrero, ocurren criminales ataques
que han causado la muerte de cuatro personas.
Los grupos más violentos de la sociedad, alentados
por el discurso disolvente de presuntos libertarios, han visto la oportunidad
de protestar, violentamente, por considerar que las elecciones son un proceso
burgués.
Y, por supuesto, es el resultado del irresponsable
uso de la violencia verbal, el fomento del rencor y de la diseminación del
discurso del odio por tantos en los medios de comunicación y por tantos
académicos prófugos de los cubículos universitarios que intentan reconstruir la
utopía.
Tristemente, los hechos parecen confirmar nuestra
aseveración de que el curso de las relaciones entre el gobierno y la oposición
y el encono entre los grupos sociales, económicos y políticos nos pueden
conducir a una campaña presidencial violenta, una que puede costar vidas.
Esa sería la verdadera y trágica regresión.
NARCO
Hace 12 años, se ha comentado en este espacio
cibernético, el entonces Procurador General de la República Jorge Carpizo
McGregor sostuvo que si no se actuaba enérgicamente contra las pandillas del narcotráfico
en pocos años México estaría como Colombia.
El tiempo, desafortunadamente, le ha dado la razón.
Y todos hemos quedado escandalizados, en el mejor de
los casos, con la revelación de que la PGR detuvo a Nahum Acosta Lugo, el
funcionario encargado de coordinar las giras presidenciales, por presuntos
vínculos con alguno de los capos del narcotráfico, a quien le transmitía
información sobre las actividades presidenciales.
El asunto, aunque escandaloso, es de una
trascendencia que asusta.
El procurador Macedo de la Concha ha tenido que
reconocer que en algún momento, con la información que el funcionario de Los
Pinos proporcionaba al narco, pudo estar en riesgo la integridad del Presidente
Fox.
Y en los momentos actuales, con el clima político tan
viciado por las más desbocadas ambiciones de poder, todos debiéramos estar
preocupados. Y posiblemente hasta asustados.
No todo mundo entiende el caos que crearía lo que
elegantemente llama la Constitución "la ausencia total del Presidente de
la República".
El artículo 82 constitucional prescribe que ante la
ausencia total del Presidente, de inmediato el Congreso será convocado a una
sesión en la cual se escogerá al presidente sustituto, quien terminaría el
sexenio.
Con las relaciones tan tensas y crispadas en el
Congreso, sólo hay que imaginar cómo sería un debate en el cual se tuviera que
elegir a un Presidente sustituto.
A menos que imagináramos que prevaleciera en tal
circunstancia el interés de la Nación por encima de los mezquinos intereses de
los partidos.
Así de grave es el descubrimiento de un infiltrado
del narco en el primer círculo de Los Pinos.