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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

23 de enero de 2005

Número 44

 

CUESTION DE CORAJE Y RESPONSABILIDAD

 

La confrontación de los capos de la delincuencia organizada con el Estado puede parafrasearse con aquello de que mal empieza la semana para el que ahorcan el lunes, pues mal empieza el año cuando el Estado mexicano está obligado de defenderse como no ha tenido que hacerlo en los cuatro años del gobierno de Vicente Fox.

Como se ha repetido hasta la saciedad en los pasados días, los reglamentos de los penales de alta seguridad se relajaron por varias razones:

a) El temor patológico del actual régimen a los cuestionamientos de las organizaciones de los derechos humanos, la mayoría con una agenda política de oposición.

b) Se cayó en la trampa de la teoría de la regeneración de delincuentes, meta loable pero imposible en el caso de los narcotraficantes y criminales detenidos en los penales de alta seguridad.

c) Se cedió a las presiones de las comisiones de derechos humanos, justamente preocupadas por al respeto a las garantías y se permitió que el régimen normativo de los penales de alta seguridad relajara sus rígidos estándares.

La consecuencia fue el contacto y hasta la connivencia entre los criminales, quienes tuvieron las facilidades para crear sus sistemas de comunicación y para sobornar a custodios y funcionarios de los penales.

La llegada del ex priísta Miguel Angel Yunez a la subsecretaría de la SPP de Ramón Martín Huerta significó el arribo de un hombre experimentado, de un funcionario avezado y duro en la aplicación de la ley.

Es posible que la toma del penal de alta seguridad de La Palma por la Policía Federal Preventiva con ayuda del Ejército haya sido una acción espectacular, ideada para fortalecer la figura del Secretario de Seguridad Pública federal.

La respuesta fueron varios asesinatos, incluidos los seis empleados del penal de Matamoros. O el insolente escupitajo del capo cuando se les informaba que se restablecía el duro régimen del penal de La Palma.

En el discurso el gobierno del Presidente Fox ha sido duro, pero las acciones tendrán que ser aún más enérgicas, porque México ha empezado a entrar en la peligrosa espiral que condujo a Colombia a convertirse no hace mucho en un Estado sitiado por las fuerzas criminales.

Es evidente que muchos funcionarios se han asustado, pero no se trata de asustarse o no, sino de tener el suficiente coraje político para tomar las acciones que requiere el combate a los capos del narcotráfico y a la delincuencia organizada.

Estamos a tiempo de reducir su poder, pero junto con medidas policíacas, el gobierno tiene que seguir la vieja receta: seguir la ruta del dinero.

El lavado de dinero de los criminales tiene que ser combatido con más eficacia, porque al dificultar sus movimientos de recursos económicos y al confiscarlos se reduce el poder de las bandas criminales, poder que se sustenta en el amedrentamiento social y en el poder económico.

Como nunca, el gobierno del Presidente Fox necesita el respaldo de toda la sociedad, de los partidos, de las organizaciones empresariales, de las organizaciones no gubernamentales y de las Iglesias.

Es una pena, empero, que algunos comunicadores empiecen a hacer gala de una supuesta objetividad y a difundir informaciones sesgadas para subrayar los malos tratos que se aplican a criminales que han asesinado y dañado irremediablemente la vida de miles de personas.

Peor aún que se convierta en tema para la polémica política la lucha contra el narco.

O que, como algunos irresponsables publicaron el pasado sábado, se cuestionen las medidas tomadas por el gobierno para responder a un reto que involucra la seguridad nacional.

Lo peor que le puede ocurrir a muchos es que la politización, la trivialización y el manejo irresponsable del tema de la lucha contra el narcotráfico debiliten ese esfuerzo.

Al final de cuentas estará en juego el tipo de sociedad que heredaremos a nuestros hijos y nietos.

Insistimos, estamos a tiempo.

 

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