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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

9 de enero de 2005

Número 42

 

UNA FERIA DE ERRORES

 

La controversia constitucional interpuesta por el Presidente Fox contra el presupuesto de egresos aprobado por la Cámara de Diputados será, sin duda, algo más que un episodio. Además de la definición de las facultades del Ejecutivo y el Legislativo en materia presupuestal, está en juego la credibilidad de la Suprema Corte de Justicia, cuyos ministros en un asunto tan trascendente parecen haber perdido la brújula:

 

1.- No ha sido desmentida la versión de que el consejero jurídico de la Presidencia se equivocó al anexar al escrito de controversia el presupuesto original enviado por el Presidente Fox al Congreso, no el presupuesto de egresos impugnado.

2,. No se ha desmentido que el ministro Salvador Aguirre Anguiano se comunicó telefónicamente con el consejero jurídico Daniel Cabeza de Vaca y le informó del error, error que fue subsanado con el envío a la Corte de los documentos correctos.

3.- En un ejercicio de displicencia, los ministros han permitido que anticipadamente se dé a conocer en los medios impresos el sentido de sus fallos sobre los recursos presentados por la Cámara de Diputados, lo cual resta seriedad a la actuación de los ministros.

4.- El reconocimiento de que originalmente los ministros de guardia durante el receso validaron la recepción de la controversia en una ley inexistente, lo cual se corregirá con una fe de erratas.

 

Cuando la controversia apenas está transitando en el proceso constitucional, el asunto se ha convertido en una feria de errores, la cual ha propiciado declaraciones de toda naturaleza, desde las intencionalmente escandalizadas, hasta las estentóreas e imprudentes, pero sobre todo, un raspón al prestigio de la Suprema Corte de Justicia, cuya reputación debiera ser impoluta y estar por encima de todo cuestionamiento, para que su rol de tribunal constitucional sea útil para la tranquilidad de la República.

Ahora los Ministros están obligados a dar un fallo a partir de criterios eminentemente jurídicos y constitucionales, con una visión de Estado, con la plena conciencia de que lo que hoy decidan determinará las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo en las siguientes décadas, justo cuando todas las circunstancias conducirán a eventuales y cotidianas diferencias entre los dos poderes.

Están obligados además a dar un fallo a partir de criterios eminente jurídicos y constitucionales para preservar y prestigiar el rol de tribunal constitucional que les asignaron las reformas aprobadas durante el sexenio de Ernesto Zedillo.

 

LOS CAPOS

 

Ha sido mencionada en este espacio cibernético la afirmación de Jorge Carpizo McGregor durante su gestión como Procurador General de la República en 1993:

"...Si no hacemos algo drástico contra el narcotráfico, antes de cinco años empezaremos a vivir la misma degradación de la seguridad pública y de la vida social y política que vive Colombia".

Los recientes acontecimientos: el asesinato del Ceja Güera en el penal de alta seguridad de La Palma, el linchamiento de agentes de la PFP en Tláhuac, el segundo asesinato en La Palma, así como numerosas ejecuciones de funcionarios, oficiales policíacos y narcotraficantes en varias ciudades de la República, nos hablan de una degeneración de la seguridad pública frente a la cual el gobierno de Vicente Fox ha carecido de respuestas.

Son muchas las evidencias de la creciente debilidad del poder del Estado frente al poder de los capos del narcotráfico.

Y empiezan también a percibirse evidencias de que ese poder de la delincuencia del narcotráfico empieza a permear las estructuras policiales, primero, y luego las estructuras políticas locales.

El asunto es de seguridad nacional, uno que debiera unificar a todos los partidos, a todas las fuerzas políticas y al gobierno en una cruzada contra el narcotráfico.

La situación deplorable de los penales, virtualmente bajo el control de los delincuentes encarcelados, es apenas una expresión de la degradación de la vida política y social.

La tibieza nos ha llevado a la situación actual. Más tibieza oficial sólo hará que se cumpla el pronóstico de Jorge Carpizo.

 

LA POLITICA

 

Ajenos a todo lo anterior, los políticos mantienen una encarnizada lucha por el poder.

En el PAN, la sucesión de Luis Felipe Bravo Mena ha inyectado un ingrediente adicional y corrosivo a la disputa por la candidatura presidencial.

Los principales precandidatos panistas tienen sus propios aspirantes a la dirigencia nacional del PAN en la contienda, lo cual puede provocar en el PAN una fractura cuyas dimensiones aún es difícil pronosticar.

Si a eso se le suma la insistencia del Presidente Fox de interferir en ambos procesos -la dirigencia nacional y la candidatura presidencial-, el riesgo es mayor.

A pesar de todo, la suerte del PAN depende mucho de cómo resuelva el PRI su candidatura presidencial.

Si el PRI no consigue mantener la unidad, entonces existen muchas posibilidades de que el PAN retenga la Presidencia.

En los próximos meses se sabrá, pues ya empezó Roberto Madrazo su batalla definitiva, la que le permitirá mantener el control absoluto del partido y a la vez ganar la candidatura presidencial. Será una batalla que durará varios meses.

Nadie, hasta ahora, ha logrado convencer al tabasqueño de que tiene que hacer una evaluación realista de sus verdaderas posibilidades, porque no importa cuántas elecciones locales haya ganado el PRI, lo importante es que para ganar la Presidencia necesita convencer al electorado de que el partido ha cambiado.

Sin un candidato convincente, viable, sin una imagen moderna y democrática, será muy difícil para el priísmo mantener la unidad. El PRI se juega su supervivencia, pues una derrota en 2006 sería el principio del fin.

En el PRD, López Obrador ha empezado a mover sus piezas. Sabe que ni con algunos triunfos locales en las próximas elecciones tendría los suficientes votos para ganar. No bastan los votos del perredismo, para ello hace falta recurrir a la gran masa de votos no partidistas.

Su estrategia es formar redes ciudadanas, con las cuales confía poder competir con la estructura priísta, sabedor que el PRD no tiene una estructura nacional.

A pesar de mantener su popularidad, López Obrador no ha logrado convencer a grandes y poderosos grupos, quienes lo ven con sospecha por considerar que su proyecto será un retroceso, no sólo en lo político, sino también en lo económico y social.

En los próximos seis meses se definirá la candidatura perredista. Y se sabrá si López Obrador ha acumulado el suficiente impulso como para ser un competidor serio por la Presidencia de la República.

 

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