Con el Café 19/Dic/04
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

19 de diciembre de 2004

Número 41

 

ENTENDER LA DEMOCRACIA

 

El año político ha terminado con un gran despliegue de rijosidad entre las fuerzas políticas. Nada indica que el próximo enero sea distinto.

Seguirá el debate por las facultades constitucionales del Ejecutivo y el Congreso, de eso no hay duda, pero también seguirán las oportunistas declaraciones de todos los políticos de todos los partidos.

No dude usted, cibernético lector, que el próximo año sea más enconado que el actual, porque para el verano de 2005 estarán ya más o menos definidas las candidaturas.

Quizá sin que lo hayamos percibido ya empezó, otra vez, la disputa por la Nación.

Por eso nos hablan todos de modelo de Nación.

Eso es lo que estará otra vez en juego, eso es lo que enconará el ambiente, porque las fuerzas políticas han sido incapaces de ponerse de acuerdo sobre el modelo de Nación, ni siquiera de programas fundamentales que le den certidumbre a los ciudadanos.

Y no se ponen de acuerdo porque tristemente para las tres principales fuerzas políticas de México -el PAN, el PRI y el PRD-, lo único que cuenta es ganar el poder.

Ni la sociedad ni los partidos hemos aprendido que en la lucha política del poder hay adversarios, no hay enemigos.

No hemos querido aprender de que no hay triunfos para siempre, pero tampoco derrotas para siempre.

Esa temporalidad de los triunfos y las derrotas es lo que hace a la democracia un sistema flexible, adaptable a distintas ideologías.

Y precisamente porque la democracia es un sistema flexible, es indispensable que esté sustentada en acuerdos de fondo, acuerdos no coyunturales.

Para el PAN el ejercicio sexenal ha sido un permanente padecer. Ha tenido que padecer las mezquina ambiciones que han devorado a tantos de los suyos. Para el PRI el suplicio ha sido estar fuera de la Presidencia, a pesar de estar seguros que son los mejores. Para el PRD la democracia ha sido a la vez un obstáculo y una oportunidad.

Atrapados por las visiones miopes de ganar la siguiente elección, los partidos políticos no se dan cuenta del riesgo que se corre si sus mezquinos pleitos dividen a la sociedad.

Todos dicen querer el diálogo, pero sus palabras no lo demuestran.

Sin diálogo entre los políticos, sin acuerdos en lo fundamental, a nadie deberá sorprender que la sociedad aburrida de pleitos, hastiada de no avanzar y desesperada por el estancamiento económico, empiece a pensar en otras opciones, opciones no precisamente democráticas.

Se corre el riesgo del surgimiento de alguna figura carismática, de fácil palabra, de discurso atractivo para la mayoría.

Se correría el riesgo de una regresión.

No una regresión al autoritarismo del PRI, como tantos dicen, sino a algo peor: a una dictadura con máscara democrática.

 

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