La semana estuvo marcada por el agravamiento de la
confrontación entre el gobierno del Presidente Fox y el gobierno de Andrés
Manuel López Obrador.
El salvaje linchamiento de agentes federales en
Tláhuac, la parálisis de las policías del DF y Federal Preventiva y la lenta
reacción oficial dejaron el escenario listo para dicha confrontación.
Se mezclan como explosivos ingredientes el
narcomenudeo y la actividad de la guerrilla del EPR en la zona, con lo que se
abrió la puerta para que los hechos fueran investigados por la Procuraduría
General de la República.
El gobierno del Presidente Fox ha empezado a moverse
vigorosamente contra López Obrador. Para cubrirse las espaldas cesaron al
comisionado de la Policía Federal Preventiva, y con eso quedó listo el escenario
para ir contra los jefes policíacos del Distrito Federal y para la ofensiva
contra López Obrador.
Así lo ha entendido el jefe de gobierno del DF y
empieza a mostrar los efectos del persistente acoso, acoso que ha sido
incesante desde marzo pasado, cuando empezó el escándalo de Ponce y Bejarano.
Sabe López Obrador que el cese de Marcelo Ebrard es
apenas el principio para que le sea impuesto un jefe de policía más cercano al
Presidente y al cual no se le podrían asignar las tareas políticas que Ebrard ha
desempeñado.
Ha empezado a perder la serenidad. Y mostró su lado
débil, su irascibilidad. Y falta saber qué pasará con su eventual desafuero,
previsto a votarse el próximo abril.
Mas detengámonos a considerar las eventuales
consecuencias para el entorno político que puede tener esta confrontación, cada
día más violenta.
1.- Afectará lo que hasta ahora ha sido una impecable
estrategia para construir una candidatura de izquierda capaz de atraer a
fuerzas distintas al PRD y a núcleos apartidistas de la sociedad.
2.- Al ajustar la estrategia, López Obrador le abrirá
espacios al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien implacablemente trabaja,
primero con grupos ajenos al PRD, especialmente con aquellos que ya ven con
sospecha al jefe de gobierno del DF.
3.- Los perredistas más sensatos y serenos saben que
el ingeniero Cárdenas podrá ser un candidato confiable para ciertos grupos de
la sociedad, pero no sería un candidato ganador, lo cual obligaría a buscar
otro, y es ahí donde podría colarse alguna otra personalidad, como Ricardo
Monreal.
4.- Para el gobierno del Presidente Fox un
debilitamiento de López Obrador sería una obra que culminaría con el desafuero,
pero es difícil que cuente con el respaldo del PRI de Roberto Madrazo, pues los
priístas saben que si López Obrador está fuera de la contienda presidencial, el
antipriísmo fortalecería al PAN y le podría dar el triunfo.
5.- El clima de una campaña que, sin empezar
formalmente, estará en su apogeo a partir del próximo mayo, podría ser muy
enconado, muy crispado y podría conducir a crear un ambiente de violencia que
alteraría todo el proceso de sucesión.
6.- El dilema foxista es que sus intentos de cerrarle
el paso a López Obrador fortalecen a los grupos radicales y extremistas de la
izquierda, los que están en el PRD y los que no están en el PRD.
7.- Un eventual desafuero o una inhabilitación a
López Obrador enviarían el mensaje de que a la izquierda no se le dejará llegar
a la Presidencia de la República, al menos no por la vía legal, democrática y
electoral.
8.- El sistema de elecciones, de proceso ordenado de
los conflictos, de su resolución pacífica podría quedar desacreditado a los
ojos de un sector de la sociedad, como son las corrientes de izquierda, a
quienes se ha convencido de buscar el poder por la vía electoral.
9.- Las condiciones económicas, difíciles para muchos
mexicanos, especialmente frustrantes para los jóvenes, pueden generar un campo
fértil para comportamientos similares a los de los años sesenta y setenta.
10.- Así, la
violencia podría ser el signo de la campaña por la Presidencia, una campaña que
se pondrá en marcha el próximo verano y el país habrá dado un salto al pasado
en más de un sentido.