Hasta el escándalo de Bejarano fue opacado por el enfrentamiento
ocurrido entre los poderes Ejecutivo y Legislativo a causa de la aprobación del
presupuesto de egresos.
La Cámara de Diputados tiene la facultad constitucional de aprobar,
modificar o cambiar totalmente el presupuesto de egresos que propone el
Ejecutivo.
Antes había margen, porque esa facultad había sido dejada
intencionalmente ambigua, pero con la habitual ingenuidad democrática de este
régimen, se aprobó una reforma constitucional que dejó claramente establecida
la facultad de la Cámara de Diputados en materia del presupuesto de egresos.
El enfrentamiento muestra la ineficacia de la operación política del
gobierno y un asombroso vacío en el liderazgo de la bancada del PAN.
Se cometió el error de dejar las pláticas sólo en manos de los
funcionarios de la Secretaría de Hacienda, pero muchos de ellos, de excepcional
capacidad profesional, no tienen las dotes políticas que exige el diálogo
político.
La batalla del presupuesto de egresos la ganaron los profesionales
de la política.
Eso no significa que el presupuesto de egresos aprobado por el PRI,
el PRD, el PT, el Partido Verde y Convergencia.
Basta con leer los documentos para encontrar incongruencias. Una
significativa es que, al aprobar el presupuesto de ingresos, se consideraron
los recursos que produciría un censo fiscal que incorporaría a muchos
contribuyentes que actualmente no pagan impuestos.
Mas al aprobar el presupuesto de egresos, se cancela la partida para
levantar el censo fiscal.
Y hay muchas otras.
Los diputados de oposición se han mostrado intransigentes. Hay un
ánimo vindicativo en algunas decisiones. Y una excepcional terquedad de los
diputados y del Presidente Fox.
“No cambiaremos de una coma”, han dicho. O, como groseramente le
dijo Pablo Gómez al subsecretario de Hacienda Carlos Hurtado en un programa de
televisión: “...se joden, se joden”, en un arranque de histeria.
No nos engañemos con las declaraciones, ni siquiera por las
aparentemente serenas de Manlio Fabio Beltrones, los diputados de oposición
están dispuestos a demostrar su poder.
Y en el gobierno del Presidente Fox prevalece una gran confusión,
están aturdidos y tampoco quieren ceder.
La Nación es rehén de los malos humores de sus funcionarios y
políticos.
El problema es que, al final de 2005, las consecuencias de la
confrontación y de un presupuesto mal hecho las pagaremos los ciudadanos.
No las pagarán ni los funcionarios ni los políticos que se llenan la
boca con expresiones de que todo lo hacen por México.