La semana estuvo marcada por los debates por el
presupuesto y por el escándalo Bejarano-Ahumada, cuyas ramificaciones cada vez
tocan más al círculo cercano al Jefe de Gobierno del DF.
En lo que respecta al presupuesto, se impusieron los
criterios fundados en la confrontación entre los madracistas y los
gobernadores, además de la intención evidente de reducir a como de lugar la
posibilidad de que algunos programas gubernamentales tengan más éxito.
Así, vimos como Emilio Chuayffet cumplió lo
prometido: con la complicidad del PRD se echaron a la basura las propuestas de
la Convención Nacional Hacendaria.
De esa manera se descalificaron los trabajos de una
mayoría de gobernadores priístas, en un ejercicio más ligado a la confrontación
por la candidatura presidencial que el cumplimiento de los compromisos con los
electores.
Igualmente, en materia de gasto se prevén sanciones a
los diputados que han procurado cumplir con algunos compromisos con sus
Estados. Se les avisa así que tienen que cumplir compromisos con el PRI, esto
es con el CEN de Roberto Madrazo, lo cual distorsiona otra vez la función de
los legisladores.
En suma, los debates sobre el presupuesto se han
convertido en un escenario más de la dura batalla que empieza a gestarse entre
Roberto Madrazo y los otros aspirantes a la candidatura presidencial.
Y se convierte a la discusión presupuestal en un
ejercicio de venganzas.
BEJARANO
El caso Bejarano empieza a ser peligroso para el Jefe
de Gobierno del Distrito Federal, porque cada día se sabe de más situaciones
que involucran a personal cercano de López Obrador.
El mayor riesgo, sin embargo, es un Bejarano
acorralado. Empieza a disparar en todas direcciones, a intentar involucrar a
personajes políticos y no políticos, con tal de afirmar su tesis de que simplemente
cayó en una trampa.
Se ha involucrado ya la PGR, en inmediata respuesta a
la acusación lanzada por Bejarano de reuniones entre Ana Cristina Fox y Carlos
Ahumada.
Se produce la orden de aprehensión por lavado de
dinero, con lo que Bejarano, aunque logre librar en pocos meses las acusaciones
de la procuraduría del DF, tendría que estar a disposición de la justicia
federal.
Hasta ahora, pese a todo, Bejarano ha eludido hacer
revelaciones acerca de sus verdaderas tareas políticas. Ha aceptado resignadamente
que Alejandro Encinas lo descalifique como operador político.
Como sea, Bejarano y su esposa Dolores Padierna
parecen aún no percibir que políticamente están acabados.
Cuando lo perciban, podrían decidirse a hablar.
Y entonces todo se complicaría para el PRD, porque la
cárcel ablanda al más templado.