Con el Café 24/Oct/04
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

24 de octubre de 2004

Número 33

 

LA AMENAZA DE LAS AMBICIONES

 

La semana estuvo marcada por más escándalos políticos, más desencuentros y por una irrefrenable tendencia de resolver los conflictos por cauces extralegales.

La Nación está atrapada en la red de ambiciones, disputas por el poder y la desesperación de los grupos políticos por ganar las elecciones de 2006.

La señal más violenta fue la agresión sufrida por el Presidente Fox en Ciudad Juárez, una violencia inducida que pretenden presentar algunos como violencia y descontentos generalizados.

La otra señal violenta es la tribalización del PRI, y los enfrentamientos violentos en las disputas por las ruinas de lo que fuera el PRI en el Distrito Federal.

Ambos incidentes, por ahora, son aislados, pero son el síntoma de una enfermedad más grave: la disposición de los grupos políticos a recurrir a la violencia.

En el incidente de Ciudad Juárez los violentos fueron los seguidores de agitadores bien identificados en la ciudad fronteriza, lo cual habla de un descuido no sólo de las fuerzas de seguridad obligadas a dar protección al Presidente de la República, sino de la miopía con que el mismo Presidente insiste en tener contacto directo con la gente.

Se combinaron esos dos ingredientes y se tuvo un incidente que es una verdadera provocación, una provocación a la represión.

Ambos incidentes, aislados entre sí, representan, insistimos, la tendencia a no respetar las reglas del juego democrático.

Nunca, como ahora, cuando faltan casi 21 meses para las elecciones presidenciales, ha sido más importante para la estabilidad nacional el respeto a la integridad de la figura presidencia.

En Los Pinos se desecha el incidente como algo sin importancia. No se puso en riesgo la integridad física del Presidente.

¿Acaso esperan que alguien le golpee o le agreda con más violencia para reconsiderar sus medidas de seguridad?

Tal parece que ni los promotores de la provocación, ni en Los Pinos, se han puesto a pensar el caos político, social y económico que sobrevendría si el Presidente sufriera un atentado.

Hace falta más rigurosas medidas de seguridad, tanto por el Estado Mayor Presidencial, como por las autoridades locales.

El discurso violento de todos los grupos de la política y la facilidad con que se recurre a la violencia para forzar soluciones que se apartan de los cauces legales, hacen suponer que estos incidentes aislados, por ahora, pueden volverse más frecuentes.

Todas las fuerzas políticas, incluyendo el Ejecutivo, parecen dispuestas a la confrontación, suponiendo ingenuamente que la violencia verbal es escandalosa, pero nada más.

Hace 10 años, trágicamente, se descubrió que de la violencia verbal a la violencia física hay un solo paso.

Ojalá y se desactive la posibilidad de darlo.

 

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