La situación económica en México no es espléndida, pero hay una
cierta estabilidad económica y las finanzas públicas, aunque frágiles están
lejos del punto de quiebre.
A pesar del ruido de las declaraciones de sectores empresariales, la
falta de reformas estructurales ha entorpecido, pero no ha dañado la dinámica
económica del país.
No obstante, el complicado escenario político puede dañar a la
economía a corto plazo.
Se han conjuntado las ambiciones y la torpeza.
Las ambiciones de una izquierda primitiva que pretende emplear la
táctica de Hugo Chávez para hacerse del poder.
Chávez consiguió aprovechar el desprestigio de los partidos
tradicionales, el desencanto con una alternancia del poder que no fue
eficiente, y las consecuencias devastadoras que empobrecieron al pueblo
venezolano.
Explotó el descontento social, con un discurso clasista y maniqueo
dividió a su pueblo en nosotros los buenos y ellos los malos.
Esa polarización llevó a Chávez al poder. Y le ha sostenido
solamente porque el gobierno venezolano tiene el control del petróleo y ha
recibido ingresos extraordinarios por el alza de la cotización internacional.
En México las ambiciones de lo más deleznable de la izquierda
intentan fomentar el desprestigio de los partidos, el desencanto con la alternancia
y provocar la polarización social.
Es una ruta muy riesgosa, porque si no matizan su mensaje pueden
provocar una polarización social que conduciría a la ruptura del tejido social.
Y eso nos llevaría a una crisis económica.
La torpeza del gobierno foxista, por otra parte, ha sembrado
innumerables conflictos apenas a 21 meses de las elecciones.
La laxitud con que se maneja el Ejecutivo ha propiciado que haya
conflictos potenciales en muchos sectores:
1.- El eventual emplazamiento a huelga que harían los petroleros si
no se cumple con el convenio firmado con Pemex.
2.- El conflicto financiero del IMSS, aún sin resolver y cuyas
consecuencias podrían llevar a una eventual suspensión del pago de pensiones.
3.- El grave conflicto político que se avecina por la decisión de
despojar al SNTE de la titularidad del contrato de trabajo en el DF. Eso
entregaría a la disidencia el control del magisterio capitalino cuando se
concrete la desconcentración educativa.
4.- La creciente resistencia de diversos sindicatos a la reforma del
ISSSTE, lo cual podría reproducir en esa institución el conflicto del IMSS,
pero en esta ocasión en un movimiento que no sería aislado.
Cualquiera de estos conflictos, por sí mismo, puede provocar
inquietud social. Y puede incrementar el descontento con los partidos
tradicionales y provocar una polarización política muy peligrosa.
Sin embargo, a 21 meses de las elecciones, tal parece que ni
siquiera los partidos tradicionales cuya suerte estaría en juego parecen
preocuparse por ello.
Estamos en el umbral de una eventual crisis económica.