La semana estuvo marcada por los alborotos en la Cámara de
Diputados, primero por la incursión de 37 asambleístas perredistas y luego por
la toma de la tribuna por diputados federales, también perredistas.
Se ha dicho mucho en la semana sobre la táctica obstructiva del PRD,
sobre el afán de impedir la reforma al artículo 122 constitucional que
determina la descentralización educativa en el Distrito Federal.
Este tema, sin duda, forma parte de la ofensiva contra López
Obrador, eso es un hecho. Sin embargo, tampoco puede soslayarse que no es una
ofensiva ilegal, podrán algunos considerarla injusta, pero es legal, porque es
una iniciativa de reforma que se procesa en el Poder Legislativo, una
iniciativa que requerirá la aprobación de las dos terceras partes de los
legisladores y luego la aprobación de la mayoría de las legislaturas locales.
Puede ser una maniobra política, pero se necesita ser muy ingenuo
para suponer que los adversarios de López Obrador iban a despejarle el camino a
la candidatura presidencial.
López Obrador y sus aliados han respondido con las únicas armas que
tienen: activa movilización en los medios y con agitación social, la cual quizá
todavía no alcanza su máximo nivel, pues está visto que la estrategia es
gradual, para mientras realizar maniobras políticas que les permitan atraer más
simpatías.
De cualquier forma las respuestas de López Obrador, paradójicamente,
lo defienden, pero han abierto otra vez un flanco: la imagen del PRD.
Ese es el gran reto de López Obrador y el PRD: ¿cómo presentarse
como un candidato viable y serio, mientras se auspicia la agitación social y se
crean situaciones de ingobernabilidad?
Esa imagen de rijoso le ha costado al PRD ya tres elecciones
presidenciales.
Y posiblemente les cueste una cuarta, pues la detención del ex
tesorero del DF Gustavo Ponce abre otro capítulo de posibles revelaciones, en
esta ocasión revelaciones sobre el manejo de las finanzas del gobierno de la
Ciudad de México.
Si Ponce hace esas revelaciones, podría estar sellando la suerte de
la candidatura presidencial del PRD. Por eso la detención la hizo la PGR y
existe la posibilidad de que lo retengan lo suficiente por aquello del lavado
de dinero, al menos lo suficiente para atraer tanta atención sobre el ex
tesorero que después se vuelva incosteable intentar callarlo.
Todo lo anterior arroja una sombra de duda sobre las posibilidades
de López Obrador, quien si bien ha sido sujeto a una ofensiva escandalosa,
también es cierto que su estilo y sus errores le han llevado a la situación
actual.
El gran riesgo que corren el gobierno federal, el PAN y el PRI es
que aunque impidan que López Obrador tenga posibilidades de ganar la
Presidencia se puede convertir en un factor de ingobernabilidad, apoyado en
algunos grupos perredistas con vocación para la agitación política y para la
anarquía.