La semana estuvo marcada por el esfuerzo del gobierno
del Presidente Fox por empezar a desactivar el pleito con Andrés Manuel López
Obrador, pues está visto que el jefe de gobierno del DF se fortalece en la
medida en que se presenta como víctima del gobierno foxista.
La revelación de la reunión de la pasada Semana Santa
entre el Presidente Fox, Santiago Creel, el procurador Rafael Macedo de la
Concha, la consejera jurídica de Los Pinos María Teresa Herrera y el Presidente
de la Suprema Corte de Justicia parecía un intento de dejar claro que el pleito
es de López Obrador con la Suprema Corte, y no con el Presidente Fox.
No obstante el seguimiento que le dio el diario que
publicó la información le dio otro giro a la revelación, pues se convirtió en
un esfuerzo por socavar la posición de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación en el tema del desafuero.
Y la revelación fue motivo para fortalecer la teoría
del “complot” y la argumentación de López Obrador de que es víctima de los
otros poderes de la República.
Durante la semana operó el jefe de gobierno del DF en
varias vertientes.
Primero, dejó que las huestes de René Bejarano le
gritaran irrespetuosamente al Presidente de la República durante la ceremonia
del izamiento de bandera. Contradijo así su presunto respeto a la investidura
presidencial.
Luego insistió en entrevistarse con el Presidente
Fox, para hablar de los temas comunes, en una acción más de las maniobras que
le han permitido arrinconar al Presidente. Lo provoca, le hace enojarse y luego
se dice rechazado.
Con su estrategia en marcha, durante la lectura de su
informe volvió a desafiar a todos sus acusadores, pero sobre todo a desafiar al
proceso legal, pues advirtió que no aceptará dócilmente el desafuero.
Así, contribuye a mantener el clima de crispación con
sus acciones, pero asegura estar dispuesto al diálogo.
El gobierno foxista ha sido incapaz de enfrentar esta
estrategia de López Obrador, lo que le ha permitido al jefe de gobierno
convertirse ya en el candidato indiscutible del PRD a la Presidencia.
Y ha conseguido inquietar a sus adversarios, los ha
convencido de que las elecciones serán desordenadas si él no figura como
candidato presidencial. Ahí está la declaración de la senadora priísta Dulce
María Sauri que dijo que sin López Obrador como candidato habría
“desestabilización electoral”.
Esta semana envía a su Secretario de Gobierno
Alejandro Encinas para hacer sus contactos con los grupos del “establishement”
de Estados Unidos, en su primer esfuerzo serio por convencerlos de que es un
político responsable, pragmático, y que no es una versión mexicana de Hugo
Chávez.
Este viaje muestra la seguridad que tiene López
Obrador de que podrá enfrentar con éxito a los grupos empresariales que se
oponen a su candidatura.
Y para ello no vacilará en provocar un enfrentamiento
de clases.
Si provoca ese enfrentamiento de clases puede perder
el voto útil que necesita para romper el cinturón de hierro que para el PRD ha
significado la cifra de un máximo de 7 millones de votos que ha captado ese
partido en las elecciones nacionales.
El riesgo es que en la búsqueda de su candidatura y
de la Presidencia parece dispuesto a avasallar a los Poderes de la Federación,
al Ejecutivo, al Legislativo y, más importante aún al Poder Judicial, al
garante de la constitucionalidad.
Contra éste último sus partidarios han montado una
verdadera campaña de linchamiento, lo cual es considerado por muchos sectores
muestra de lo autoritaria que podría llegar a ser una Presidencia de Andrés
Manuel López Obrador.