La semana que termina es una en la que el gobierno
del Presidente Fox está asediado por muchos de sus antiguos partidarios.
La Coparmex, el sindicato patronal, le exigió asumir
el liderazgo, con la misma enjundia que asumió la candidatura presidencial en
2000.
La respuesta presidencial a este cuestionamiento fue
débil, pues otra vez recurrió a la figura de que la responsabilidad de atender
los problemas nacionales es de todos.
Es cierto, todos los sectores de la sociedad tienen
una responsabilidad en la tarea de sacar al país del estancamiento actual.
Mas también es cierto que esos sectores no han
percibido un liderazgo del Presidente Fox.
No ha terminado de asimilar el Presidente Fox que la
tarea del Presidente de la República no es una tarea gerencial, es una tarea de
liderazgo político, un liderazgo que tiene que conciliar, que reconciliar, que
convencer y, sobre todo un liderazgo que tiene que marcar un rumbo.
Y, como se lo dijeron los empresarios de Coparmex, el
país no tiene rumbo, carece de objetivos que no sean sobrevivir cada día, cada
encuesta, cada estadística.
El gobierno carece de visión estratégica de Estado.
Actúa, eso sí, con objetivos limitados, tanto
electorales, como políticos y económicos.
Ni siquiera ha conseguido el Presidente mantener la
cohesión y coordinación de su gabinete, como lo demuestra que “por error”, se
haya enviado al Congreso una iniciativa de ley que legaliza la reelección de
los Presidentes municipales.
Es inaceptable también la tendencia a eludir la
responsabilidad, sobre todo si el costo de asumir esa responsabilidad será
reflejado por las encuestas que tanto desvelan a la gente de Los Pinos.
No se atrevió, por ejemplo, a proponerle al Congreso
que revisara, debatiera y decidiera que hacer con la propuesta de imponer el 4
por ciento de IVA a los alimentos.
Prefirió dejarlo como sugerencia al Congreso.
Por eso la relación con el Congreso es tan crispada,
porque el Presidente le exige que asuma costos que la Presidencia no quiere
compartir.
Eso no es sino falta de liderazgo.
Lo malo para el Presidente es que ahora sean sus
antiguos partidarios los que se lo reclaman.
Cada vez está más aislado, encerrado por el círculo
negro de sus colaboradores.
Y no se avizora que el Presidente tenga el ánimo para
romper ese círculo.
No lo puede hacer porque sigue abrumado por la enorme
responsabilidad que asumió en 2000, responsabilidad cuyas dimensiones nunca
calculó con realismo.
No lo puede hacer porque sigue atrapado en sus
cambiantes estados de ánimo, particularmente por esa tendencia a la depresión,
depresión que le producen las permanentes presiones.
Nunca creyó el licenciado Fox que la Presidencia
fuera también el pararrayos de los mal humores nacionales.
Y ahora que lo vive, no consigue tampoco contener su
tendencia a la confrontación, confrontación con la que suele impedir los
consensos que dice necesitar.
Quizá no sea demasiado tarde, como creen algunos de
los hombres de Los Pinos.
Convenzan de eso a un Presidente que parece haberse
rendido ya.