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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

12 de septiembre de 2004

Número 27

 

QUIZÁ NO SEA DEMASIADO TARDE

 

La semana que termina es una en la que el gobierno del Presidente Fox está asediado por muchos de sus antiguos partidarios.

La Coparmex, el sindicato patronal, le exigió asumir el liderazgo, con la misma enjundia que asumió la candidatura presidencial en 2000.

La respuesta presidencial a este cuestionamiento fue débil, pues otra vez recurrió a la figura de que la responsabilidad de atender los problemas nacionales es de todos.

Es cierto, todos los sectores de la sociedad tienen una responsabilidad en la tarea de sacar al país del estancamiento actual.

Mas también es cierto que esos sectores no han percibido un liderazgo del Presidente Fox.

No ha terminado de asimilar el Presidente Fox que la tarea del Presidente de la República no es una tarea gerencial, es una tarea de liderazgo político, un liderazgo que tiene que conciliar, que reconciliar, que convencer y, sobre todo un liderazgo que tiene que marcar un rumbo.

Y, como se lo dijeron los empresarios de Coparmex, el país no tiene rumbo, carece de objetivos que no sean sobrevivir cada día, cada encuesta, cada estadística.

El gobierno carece de visión estratégica de Estado.

Actúa, eso sí, con objetivos limitados, tanto electorales, como políticos y económicos.

Ni siquiera ha conseguido el Presidente mantener la cohesión y coordinación de su gabinete, como lo demuestra que “por error”, se haya enviado al Congreso una iniciativa de ley que legaliza la reelección de los Presidentes municipales.

Es inaceptable también la tendencia a eludir la responsabilidad, sobre todo si el costo de asumir esa responsabilidad será reflejado por las encuestas que tanto desvelan a la gente de Los Pinos.

No se atrevió, por ejemplo, a proponerle al Congreso que revisara, debatiera y decidiera que hacer con la propuesta de imponer el 4 por ciento de IVA a los alimentos.

Prefirió dejarlo como sugerencia al Congreso.

Por eso la relación con el Congreso es tan crispada, porque el Presidente le exige que asuma costos que la Presidencia no quiere compartir.

Eso no es sino falta de liderazgo.

Lo malo para el Presidente es que ahora sean sus antiguos partidarios los que se lo reclaman.

Cada vez está más aislado, encerrado por el círculo negro de sus colaboradores.

Y no se avizora que el Presidente tenga el ánimo para romper ese círculo.

No lo puede hacer porque sigue abrumado por la enorme responsabilidad que asumió en 2000, responsabilidad cuyas dimensiones nunca calculó con realismo.

No lo puede hacer porque sigue atrapado en sus cambiantes estados de ánimo, particularmente por esa tendencia a la depresión, depresión que le producen las permanentes presiones.

Nunca creyó el licenciado Fox que la Presidencia fuera también el pararrayos de los mal humores nacionales.

Y ahora que lo vive, no consigue tampoco contener su tendencia a la confrontación, confrontación con la que suele impedir los consensos que dice necesitar.

Quizá no sea demasiado tarde, como creen algunos de los hombres de Los Pinos.

Convenzan de eso a un Presidente que parece haberse rendido ya.

 

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