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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

5 de septiembre de 2004

Número 26

 

DISPERSIÓN Y FUNDAMENTALISMO

 

La semana del Cuarto Informe Presidencial vino a demostrar el deterioro de la vida política nacional.

Es cierto, el Presidente Fox, con su retorcido sentido de la oportunidad, su tendencia a ser rijoso y sus arranques temperamentales, ha contribuido a ese deterioro.

Lo ocurrido en la ceremonia del Informe Presidencial no fue sino la culminación de la ya larga cadena de desencuentros.

Desencuentros entre el Presidente y los partidos de oposición. Desencuentros del Presidente con su propio partido. Y la desencadenada ambición entre las élites políticas.

Si a eso se le suma la frustración entre las élites, se explica el estado de desánimo actual.

El desánimo aumenta por el creciente desempleo, por la persistente inseguridad, pero sobre todo, por la percepción de que el pasado uno de septiembre el Presidente Fox y su gobierno dejaron ir la gran oportunidad de marcarle un rumbo a la Nación.

Fue excesivo el esfuerzo presidencial por convencer a las élites políticas, sociales y empresariales que su gobierno no ha estado inmóvil, qué sí ha hecho una buena labor.

El problema sexenal ha sido la dispersión del esfuerzo, por el estilo disperso de gobernar del Presidente.

Todavía está a tiempo el Presidente Fox de darle un rumbo, cuando menos una meta, a su gobierno, antes de que lo alcance el tiempo.

Y, sobre todo, antes de que el desencanto de las élites provoque problemas mayores.

Como se dijo líneas arriba, el Presidente Fox, en lugar de exigir acuerdos concretos, volvió a los vagos llamados a consolidar la democracia, como si la democracia fuera un objetivo que compartieran todos los miembros de las élites mexicanas.

Mas también ha existido una enorme dosis de irresponsabilidad entre los grupos políticos, empresariales y sociales, quienes le exigen al gobierno del Presidente Fox más de lo que puede dar.

Todos quieren una rebanada de un pastel que cada año se hace más pequeño.

Atrapado en el fundamentalismo neoliberal que heredó del gobierno de Zedillo, Fox ha sido incapaz de encontrar una fórmula que permita mantener la salud de las finanzas públicas sin sacrificas las responsabilidades básicas del Estado.

Y tiene como resultado que ni tiene un Estado achicado, por la imposibilidad de las élites de llenar los vacíos que deja el Estado. Pero tampoco tiene un Estado fuerte, porque hasta ahora el Presidente y su partido no se han asumido como los detentadores del Poder federal.

Se comportan como predicadores, como ideólogos fundamentalistas y sólo han caído en las redes tendidas por un sector de las élites económicas, cuyos intereses no necesariamente coinciden con el Estado Fuerte.

Y lo peor, no coinciden muchas veces ni siquiera con los intereses nacionales.

 

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