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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

27 de junio de 2004

Número 17

 

MARCHA POR LA SEGURIDAD:  UNA LLAMADA DE ATENCIÓN

 

La marcha por la seguridad puso en jaque a todas las autoridades, aunque éstas actuaron por las razones equivocadas.

Las autoridades del Distrito Federal y del Gobierno Federal han reaccionado con una actitud defensiva.

El gobierno del DF con intentos de descalificación de la marcha. El gobierno federal tratando de hacernos creer que la marcha no es contra ellos.

Muchos aseguran que la marcha por la seguridad no es política, pero toda movilización social, particularmente una en la que participan más de 200 mil personas, tiene necesariamente consecuencias políticas.

La marcha de más de 200 mil personas, cifra que se ajusta a los cálculos gubernamentales, necesariamente es una expresión de coraje, de frustración y de miedo.

Cada uno de los manifestantes tuvo sus razones propias para marchar hasta el Zócalo de la ciudad de México.

El mensaje es más que claro: la sociedad ya se cansó.

De la marcha tendrán que sacar sus conclusiones las autoridades del gobierno de la ciudad de México, los funcionarios del gobierno del Presidente Fox y las autoridades de los gobiernos de los Estados.

Marcharon más de 200 mil personas, pero hubo muchos miles más que por varias razones no marcharon.

Si, como todo indica, los gobernantes de todos los partidos no hacen nada que no tenga como objetivo fortalecer sus objetivos político electorales, la marcha por la seguridad tiene también un mensaje político electoral.

Si no hubiera sido por lo que en 2000 se llamó el voto útil, no hubieran ganado ni López Obrador ni el Presidente Fox.

En los cálculos electorales tiene que ser tomado en cuenta.

La situación es delicada, porque la obcecación de los gobiernos, federal, estatales y del DF, puede contribuir a más ira, a más frustración.

La marcha por la seguridad es una protesta social, una llamada de atención.

La ira, la frustración, el miedo y la desesperación suelen ser malas consejeras.

Y producir reacciones impredecibles en los pueblos.

Confiemos en que el descontento social, las rencillas partidistas, el rencor cultivado por la demagogia política y la miopía de gobernantes y políticos no contribuyan a fortalecer la posibilidad de que las elecciones presidenciales de 2006 sean todo, menos pacíficas y ordenadas.

 

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