La marcha por la seguridad puso en jaque a todas las
autoridades, aunque éstas actuaron por las razones equivocadas.
Las autoridades del Distrito Federal y del Gobierno
Federal han reaccionado con una actitud defensiva.
El gobierno del DF con intentos de descalificación de
la marcha. El gobierno federal tratando de hacernos creer que la marcha no es
contra ellos.
Muchos aseguran que la marcha por la seguridad no es
política, pero toda movilización social, particularmente una en la que
participan más de 200 mil personas, tiene necesariamente consecuencias
políticas.
La marcha de más de 200 mil personas, cifra que se
ajusta a los cálculos gubernamentales, necesariamente es una expresión de
coraje, de frustración y de miedo.
Cada uno de los manifestantes tuvo sus razones propias
para marchar hasta el Zócalo de la ciudad de México.
El mensaje es más que claro: la sociedad ya se cansó.
De la marcha tendrán que sacar sus conclusiones las
autoridades del gobierno de la ciudad de México, los funcionarios del gobierno
del Presidente Fox y las autoridades de los gobiernos de los Estados.
Marcharon más de 200 mil personas, pero hubo muchos
miles más que por varias razones no marcharon.
Si, como todo indica, los gobernantes de todos los
partidos no hacen nada que no tenga como objetivo fortalecer sus objetivos
político electorales, la marcha por la seguridad tiene también un mensaje
político electoral.
Si no hubiera sido por lo que en 2000 se llamó el voto
útil, no hubieran ganado ni López Obrador ni el Presidente Fox.
En los cálculos electorales tiene que ser tomado en
cuenta.
La situación es delicada, porque la obcecación de los
gobiernos, federal, estatales y del DF, puede contribuir a más ira, a más
frustración.
La marcha por la seguridad es una protesta social, una
llamada de atención.
La ira, la frustración, el miedo y la desesperación
suelen ser malas consejeras.
Y producir reacciones impredecibles en los pueblos.
Confiemos en que el descontento social, las rencillas
partidistas, el rencor cultivado por la demagogia política y la miopía de
gobernantes y políticos no contribuyan a fortalecer la posibilidad de que las
elecciones presidenciales de 2006 sean todo, menos pacíficas y ordenadas.