La semana que termina ha sido intensa, una de las más
intensas de 2004.
Andrés Manuel López Obrador pasó a la ofensiva.
Conminó a los medios de comunicación a que se auto
limiten, los convocó a la autocensura.
Mantuvo su agria crítica a la marcha por la seguridad
pública, por considerar que es un complot en contra suya. Hasta mentirosa llamó
a la embajadora de España, Cristina Barrios, quien denunció que este año han
sido secuestrados ocho empresarios españoles y cinco de ellos fueron
asesinados.
El curso tomado por la estrategia de López Obrador es
peligroso, porque se corre el riesgo de polarizar a la sociedad.
Cuando las sociedades de polarizan sólo se escucha el
discurso de los fanáticos y de los radicales.
Y se ahogan las voces de la mayoría.
Eso, eso sí sería un retroceso.
LAS REFORMAS
Las reformas estructurales, la energética, la laboral,
la fiscal, la del sistema de pensiones, siguen estancadas.
Están atrapadas entre la visión del grupo que
podríamos llamar de los nacionalistas y la de los modernistas.
El debate lleva ya más de un sexenio.
No se resuelve porque las posiciones se radicalizan.
Unos, los nacionalistas esgrimen el argumento de la
soberanía nacional. Los otros, los modernistas, nos describen la llegada del
Apocalipsis si esas reformas no se hacen.
El drama nacional es que todo mundo sabe que hacen
falta reformas que permita a México recuperar la ruta del crecimiento y la
generación de empleos con vigor propio, pero nadie parece dispuesto a encontrar
una tercera vía. Ni siquiera hay el ánimo para discutirla.
Porque tiene que haber una tercera vía que permita
proteger la soberanía nacional, hasta donde es posible en el actual mundo
globalizado, como lo hacen otras naciones, y a la vez abrir camino a la
modernidad que tanto requiere el país.
En este, como entre tantos otros temas, los intereses
políticos de corto plazo, una vez más, no parecen coincidir con las necesidades
de la Nación.
Por eso es un drama eso de las reformas estructurales.
OFENSIVA
Cuando no se es suficientemente claro se corre el
riesgo de ser malinterpretado.
Así ocurrió esta semana cuando en este espacio
cibernético se habló de que había una ofensiva contra la esposa del Presidente
Fox.
“Se trata, hay que reconocerlo, de pararla”, expresaba
el párrafo, pero la intención era transmitir la idea de que la ofensiva contra
la señora Marta Sahagún de Fox sería implacable.
Los hechos de esta semana así lo han probado.
Se ordenó al auditor superior de la Federación, Arturo
González de Aragón, que revise las cuentas de la Lotería Nacional y sus
vínculos con la fundación Vamos México.
Mas vale que la señora Sahagún de Fox haya dispuesto
que las finanzas de su Fundación resistan el escrutinio, porque es sabido que
no hay auditorias que no detecten irregularidades. Pero las irregularidades,
cuando de política se trata, pueden convertirse en instrumentos para cubrir de
lodo al auditado.
Quizá el error de la esposa del presidente es que no
ha hecho explícito su proyecto político personal.
Debiera saber que su proyecto de ser candidata presidencial
está más que muerto. Entonces tendría que revelar lo qué quiere hacer.