La semana estuvo marcada por un incontenible activismo
político.
Arrancó con el affaire de Felipe Calderón, cuyo
desenlace alteró indudablemente el juego y rejuego de la sucesión.
A pesar de todo, ha quedado la impresión de que el
Presidente Fox, al forzar la renuncia de Felipe Calderón, le quitó de en medio
a su esposa Marta Sahagún al contendiente más fuerte dentro del panismo.
La derrota sufrida por los foxistas y los partidarios
de Santiago Creel les hicieron saber que el control del partido estaba en manos
del panismo tradicional.
Y había que hacer algo. El mitin calderonista en
Guadalajara les dio la oportunidad que esperaban.
Y de paso le permitió al Presidente Fox asumir dos
líneas de conducta:
A)Impedir que alguno de sus colaboradores siguiera por el camino del
proselitismo que tomó Calderón.
B)Hacer un intento por tomar el control del proceso de sucesión dentro
del Partido Acción Nacional.
Para su opción A, el Presidente sabe que la dirigencia
nacional del PAN no se puede oponer a que mantenga la disciplina en el
gabinete. Además, se asegura que si alguno de sus colaboradores, especialmente
Creel, gana la candidatura, le cobrará el favor de haberle despejado el camino.
En su opción B, el Presidente mantiene vigente la
aspiración de su esposa, cuya actuación quizá será más prudente, pero no por
ello menos eficaz para consolidar la imagen de la señora de Fox. Sabe también
que el PAN no puede hacer menos que respaldarlo, porque para el partido sería suicida
confrontarse con el Presidente.
Como sea, el resultado inmediato ha sido una
notoriedad inusitada para Felipe Calderón, notoriedad que para mantenerla
exigirá dinero y activo proselitismo en todos los Estados, para ganarse a la
militancia y a los adherentes. El dinero, empero, será un obstáculo que sólo el
tiempo dirá que Calderón lo puede superar.
En el PRD no se hacen bolas. Todo lo que se hace en el
partido del sol azteca tiene el propósito de cohesionarse en torno a Andrés
Manuel López Obrador. Saben que si López Obrador no es candidato a la
Presidencia su votación no será mayor a los seis millones de votos que hasta la
elección de 2000 han sido el techo de aceptación que tienen.
En el PRI es donde la situación ha empezado a
evolucionar.
Roberto Madrazo sabe que tiene hasta septiembre para
aprovechar su recién descubierta relación con el Presidente Fox. Al erigirse
como el único interlocutor priísta del Presidente, Madrazo ha conseguido ganar
ventaja sobre sus competidores.
Tiene, sin embargo, como limitante la reacción de los
sectores más duros del PRI, irritados por la amenaza foxista de intentar el
desafuero del gobernador oaxaqueño. Otra vez la tendencia a que la mano
izquierda no sepa lo que hace la mano derecha, ha colocado en un brete a Madrazo.
El resto de los aspirantes priístas están en
movimiento.
Manuel Ángel Núñez publica un artículo en el diario
Reforma, artículo en el cual ratifica su lealtad partidista y propone que el
candidato presidencial tenga el consenso de todos los priístas.
Arturo Montiel opta por la ruta de la confrontación
con el Presidente. Convocó a una reunión a todas las diputaciones de los
Estados del Centro, con lo que empieza a atraer apoyos.
Miguel Alemán Velasco se apoya en su libro sobre
federalismo y en un seminario político al cual se ha convocado para la semana
próxima.
A los priístas, empero, les hace falta resolver la
confrontación de Madrazo con el grupo de gobernadores que le acusan de ser juez
y parte.
Lo único que los une, por ahora, es la expectativa de
recuperar la Presidencia.
Todos los políticos, de todos los partidos, enfrentan
ahora las acusaciones del Presidente Fox, quien ha decidido eludir su
responsabilidad en la parálisis del país mediante acusaciones de “argüenderos”
a la clase política.
Es una estrategia curiosa, porque al desacreditar a
toda la clase política, lo que hace el Presidente Fox es reforzar las tesis de
Jorge G. Castañeda, quien señala cotidianamente que los partidos políticos han
fracasado.
Algunos ven un designio oculto en el comportamiento
del Presidente.
Tampoco hay que ser excesivamente duros al juzgarlo,
pues cada cual se comporta de acuerdo a su temperamento. Y el temperamento del
Presidente Fox dista mucho de ser prudente y sereno. Gusta demasiado de la
confrontación.