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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

30 de mayo de 2004

Número 13

 

LÓPEZ OBRADOR Y EL PAPEL DE LA IZQUIERDA

 

La confrontación entre el Ejecutivo y Andrés Manuel López Obrador empieza a salirse de cauce.

Es posible que el PRI, una vez que el dictamen del desafuero del jefe de gobierno esté a votación en el pleno de la Cámara de Diputados, decida por simples matemáticas electorales que no le conviene que López Obrador quede fuera de la contienda.

Pero mientras dure la confrontación, la reacción perredista parecer ser exagerada.

Es cierto que nadie espera que López Obrador sea abandonado por su partido y que el perredismo está obligado a respaldarlo porque la reestructuración del PRD, el discurso de muchos dirigentes y los mismos acontecimientos, han creado una inercia que parece conducir todas las acciones de ese partido.

La izquierda mexicana, con todas sus variantes, desde la democrática hasta la socialista marxista, ha recorrido un largo camino desde la clandestinidad de la cual la sacó la reforma de 1977 que impulsara Jesús Reyes Heroles.

A pesar de que el norteamericano Francis Fukuyama sentenció la obsolescencia de las ideologías, la realidad ha demostrado que la desigualdad resultante del Consenso de Washington ha provocado una revisión de las premisas de las políticas económicas y sociales hasta en los países que son paradigma de capitalismo.

La corriente neoliberal que prevaleció en el mundo desde principios de los ochenta parece retroceder, para encontrar un espacio para la justicia social.

Es en ese espacio donde encaja la izquierda, pues de alguna manera su tarea en el siglo 21 es convertirse en algo así como la conciencia de las sociedades, aquellas en las que el crecimiento económico por sí mismo no es aprovechado por las mayorías.

Mas debiera ser una izquierda democrática, una izquierda como la que en Chile supo aprovechar las reformas hechas por el dictador Pinochet. O la izquierda democrática del PSOE en la España que a la llegada de Felipe González en 1982 logró transformar a la economía. Una transformación que ha logrado que la mayoría de los españoles gocen de la mayor prosperidad de su historia.

Nos han dicho que el PRD representa la izquierda, aunque por ahora parezca una agrupación que reúne a diversas tendencias y corrientes para buscar el poder.

Es cierto también que para las elecciones presidenciales de 2006 el PRD tiene por primera vez una oportunidad de ganarlas con López Obrador como candidato.

Por supuesto que es un grave error del gobierno del Presidente Fox utilizar el caso de El Encino como instrumento para descalificar a López Obrador como candidato.

Pero el más grave error en esta confrontación lo están cometiendo López Obrador y el PRD.

Algunos de los periodistas afines al perredismo han advertido que la violencia ocurrida en Guadalajara durante la Cumbre de Jefes de Estado es muestra de lo que puede desatarse si tienen éxito los esfuerzos por descalificar a López Obrador.

Luego el discurso abusivo de Leonel Godoy, el presidente nacional del PRD, quien a calificado al régimen como “una derecha golpista”. Es discutible que el gobierno del presidente Fox sea tan de derecha, pero aún si lo fuera, el señor Godoy tiene equivocadas coordenadas.

El Presidente Fox y el PAN están en el gobierno porque así lo quisieron los votantes mexicanos. Les dieron en julio de 2000 casi 15 millones de votos. Y al PRD ni siquiera la mitad.

Luego amenazan con una concentración el próximo 6 de julio. Seguramente exaltarán a los manifestantes con el discurso de que en 1988 les robaron la elección. Y que no deben permitir que ahora los saquen de las elecciones antes de que se efectúen.

De acuerdo con las entrevistas que tan profusamente ha concedido López Obrador, a pesar de su aparente serenidad, su personalidad rijosa no ha desaparecido.

Los votantes deben decidir en julio de 2006 a quien quieren como Presidente de México.

Los ciudadanos escogerán al candidato que quieran.

No debe privárseles de la oportunidad de decidir si quieren a un candidato como López Obrador que dice ser de izquierda.

Pero ni López Obrador ni el PRD deben olvidar que para ganar una elección presidencial tienen que presentarse como opción viable de gobierno.

Y poco viables parecerán a muchos ciudadanos si se encaminan por el camino de la violencia y, sobre todo, con un discurso rancio que intenta lanzar a la sociedad a una lucha de clases. Menos si condescienden con los trasnochados de la violencia armada.

México ya vivió su convulsión social, la terrible convulsión social que fue la Revolución. Según algunos historiadores en esa convulsión social y armada le costó a los mexicanos casi dos millones de vidas. O sea, casi una quinta parte de la población murió en aquella contienda que duró una década.

¿Quiénes son López Obrador y el PRD para pedirle al pueblo de México que acepte el sacrificio de la violencia o de la confrontación entre hermanos?

No valen tanto.

 

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