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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

2 de mayo de 2004

Número 9

 

ILUSIONISMO

 

El caso Ahumada, con sus ramificaciones hacia el PRD, hacia varios operadores políticos del perredismo, además de oportunidad para deshacerse de sus adversarios dentro del partido, ha sido utilizado por Andrés Manuel López Obrador como una especie de ilusionismo.

Con la misma tersa manera con que David Copperfield desapareció la Torre Eiffel, el jefe de gobierno del Distrito Federal ha conseguido que la mayoría vea lo que él, López Obrador, quiere que vea. Nada más.

La deportación de Ahumada es apenas una faceta del cobro de un vindicativo Fidel Castro, todavía indignado por el voto que contra Cuba se emitió en Ginebra.

No es cierto que se cobra lo de “comes y te vas”, esas son trivialidades que ya fueron cobradas con el ridículo que pasó el Presidente Fox.

Ayer pronunció Castro un discurso agresivo contra México. Habló de una mafia que está en el gobierno de México, el mismo lenguaje empleado aquí por López Obrador. Y, por supuesto, hizo referencia a la política exterior de México.

Todo es una cortina de humo.

Y como todos los ilusionistas, nos dejarán ver lo que quieren que veamos, no lo que realmente ocurrió y ocurre.

Sus asesores, particularmente ese peruano especialista en campañas políticas que ha pregonado en Lima que trabaja para el próximo presidente de México, le han ayudado a López Obrador a tender una cortina de humo.

Sólo el tiempo nos permitirá conocer qué se oculta tras de la cortina de humo.

Sólo el tiempo, porque es posible que ni siquiera las declaraciones de Ahumada la puedan disipar.

Es muy posible que hasta la hagan más espesa, porque ya se han alineado los tejedores de leyendas que tanto abundan en los medios.

A Ahumada le puede pasar lo que a Bejarano, a veces se dicen tantas mentiras que ya no se sabe cuál es la verdad.

 

ECONOMÍA

 

Mientras nosotros todavía debatimos cuál es el modelo económico que más conviene a México, en Europa se consolida el gran bloque económico y político de la Unión Europea, con 15 países de Europa Oriental.

Una comunidad que, como todas, tiene sus miembros ricos y sus miembros pobres, pero también una comunidad en la cual los ricos respaldan a los pobres, una comunidad que conforme consolida su fortaleza económica y política, se constituye en uno de los más poderosos bloques económicos del mundo, con un mercado propio de 450 millones de personas.

Y se empieza el mundo a conformar en bloques económicos y políticos. Por lo pronto la Unión Europea que ya empieza a alcanzar los niveles de bienestar de que goza Estados Unidos.

El poderío de ambos bloques hace difícil permanecer aislados, como tantos pregonan en México.

En un mundo que, para bien o para mal, está globalizado, lo que menos importa es si esa globalización empieza a ser menos inhumana, menos implacablemente capitalista.

Lo que importa es que la globalización, aún con rostro humano, sigue siendo globalización.

Y las naciones que permanezcan fuera de alguno de los grandes bloques económicos en que empieza a dividirse el mundo, no alcanzarán los niveles de bienestar que sus habitantes reclaman.

Ese es el gran dilema de México. No el modelo económico, porque hay poco de donde escoger, salvo que se desee un retroceso y que se busque el aislacionismo.

El dilema es cómo integrarse a uno de los bloques económicos. Cómo integrarse al bloque de Estados Unidos y Canadá o al bloque de la Unión Europea.

La geografía ha dado la respuesta, aunque a veces nuestro nacionalismo rechace la opción.

Durante el siglo 19 y los primeros años del siglo 20 México intentó apartarse de la órbita de Estados Unidos.

Y siempre la realidad le impuso la indispensable convivencia con los norteamericanos.

El dilema, pues, el dilema actual es cómo integrarse al bloque de Norteamérica, cómo hacerlo sacando ventaja de esa integración.

En la frontera norte el nacionalismo es una fuerza poderosa, pero no les impide a los mexicanos que viven en esa zona de la República la convivencia con los norteamericanos.

La toman como una necesidad. Y han aprendido a vivir de los norteamericanos, que no es lo mismo que vivir con los norteamericanos.

Ese es el reto.

 

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