Con el Café 18/Abr/04
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

18 de abril de 2004

Número 7

 

NO HAY POLÍTICO QUE VALGA TANTO

 

Los hechos están a la vista. Han sido difundidos por todos los medios, escritos y electrónicos, pero cada uno de los actores les da la interpretación que mejor le conviene.

Ya pasó a segundo término el eventual fraude del ex secretario de finanzas del DF Gustavo Ponce. O las raterías de personajes menores de la política, como René Bejarano o Carlos Imaz, o cualquiera otro de los funcionarios del gobierno de la ciudad de México que se involucraron en la red de corrupción que tejió Carlos Ahumada.

Y pasa a segundo término cuando ocurre una confrontación entre Andrés Manuel López Obrador y el Presidente de la República.

Lo ocurrido durante la semana que termina es algo más grave, algo más peligroso para la salud de la vida política nacional.

El abierto y público enfrentamiento ha provocado una división de opiniones que nos puede llevar a un enfrentamiento entre los diversos sectores de la sociedad mexicana.

Porque están confrontados el Poder Ejecutivo Federal y el gobierno de la ciudad de México, respaldado éste último por el PRD, su partido y el tercero en importancia en la República. Mas también están confrontados los partidos y hasta los medios de comunicación.

No importa lo que se piense acerca del escándalo del videogate. No importa si se piensa que tiene la razón uno o el otro.

Las declaraciones de la semana han alcanzado niveles muy violentos.

Con argumentos falaces, conclusiones e interpretaciones convenientes de los acontecimientos ocurridos desde el 1 de marzo, se ha creado una tormenta política.

Todos los protagonistas, desde Andrés Manuel López Obrador hasta la PGR, se han dejado arrastrar por sus propias palabras.

Una vez puesta en marcha la estrategia del complot, ni López Obrador ni su partido se han podido echar atrás. No se dejaron espacio para hacerlo.

Una vez puestos en marcha mecanismos jurídicos, el Ejecutivo se empieza a colocar también en la posición de no poder marcha atrás.

En la confrontación, López Obrador ha desafiado a varias instituciones del Estado, especialmente a la institución central del sistema político mexicano: a la Presidencia de la República.

Y lleva la ventaja, porque sabe que si el gobierno federal lo acusa ante algún tribunal o hace cualquiera otra cosa en su contra, él será considerado víctima del Estado. “Como en el antiguo régimen”, dijo ayer en su matutina conferencia de prensa.

Sabe también que si no lo acusan, entonces habrá probado que ha alcanzado tales dimensiones su poder que ni el gobierno de la República puede tocarlo.

En la apuesta de mostrarse más fuertes que el gobierno de la República, se juegan López Obrador y su partido la tranquilidad de la Nación.

Se juegan la estabilidad política y ponen en riesgo nuestra todavía frágil democracia.

Al desafiar al Presidente Fox lo hace confiado en su fuerza, en su popularidad y en los recursos que proporciona gobernar la ciudad más grande de la República, una de las más grandes del mundo.

López Obrador intenta demostrar su fuerza y fortalecer su popularidad. “El Pueblo está conmigo”, parece decir López Obrador.

Y está seguro que ese pueblo le llevará a la Presidencia de la República.

Otra vez el lenguaje político se vuelve violento, como violento fue el lenguaje político utilizado en aquel trágico y sangriento 1994.

De la violencia verbal se pasa fácilmente a la violencia física, dijo Octavio Paz en 1994.

Los actores de esta confrontación no deben olvidar que lo que ahora es una crisis política pueden degenerar en violencia física, y la Nación puede entrar en una espiral que rebase a todos.

Cuando intencionalmente se desencadena una crisis política, se debe recordar que la historia ha probado que al poner en marcha una serie de acontecimientos, éstos pueden salirse de control. Históricamente la inercia de los acontecimientos y de la violencia verbal y física ha rebasado a los protagonistas políticos.

Y muchas veces los ha devorado.

No sabemos si López Obrador trata de ocultar algo, no sabemos si el Presidente Fox por fin se ha decidido a que la Presidencia de la República no puede ser arrinconada.

Lo que sí sabemos es que las crisis políticas con mucha facilidad se convierten en crisis económicas.

Y el peor método para resolver una crisis económica es el de la lucha de clases, porque la lucha de clases es la semilla de violencia civil.

Y es criminal que a los mexicanos, agobiados por la pobreza, la marginación, la inseguridad y el desempleo, alguien se atreva a exigirles que se sumerja en la violencia civil.

Los políticos provocan la violencia civil, pero los demás, los ciudadanos de a pie, somos los que pagamos el costo de esa violencia.

Y no hay político que valga tanto.

 

 

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