Todavía no se
secaba la tinta del acuerdo que firmaron algunos legisladores con el Secretario
de Gobernación Santiago Creel y surgieron las diferencias.
Los primeros
fueron los priístas, quienes se oponen a que se reduzca el gasto del IFE a
costa de las prerrogativas a los partidos políticos y no quieren que sea el
Instituto Federal Electoral quien determine cuándo y cómo se contratarán los
espacios en los medios electrónicos.
De inmediato
los panistas acusaron a los priístas de traicionar el acuerdo.
El problema
central para el Secretario de Gobernación fue que no llevó a los coordinadores
de los partidos a suscribir el acuerdo sobre la reforma electoral, lo cual lo
convierte sólo en un proyecto que tiene el apoyo de unos cuantos legisladores.
Se sacrificó
la sustancia -la posibilidad de acuerdos-, por la espectacularidad del acto de
suscribir un acuerdo.
Lo curioso
es que al final del día todos los partidos están de acuerdo en una cosa: hay
que hacer una reforma electoral.
Será tarea
de los cabilderos del Ejecutivo y de los coordinadores de las bancadas
conciliar y reconciliar todos los puntos de vista.
Será, sin
duda, una reforma electoral parcial, no la reforma total que desean muchos
estudiosos del tema.
Mas se
impondrá la realidad política, la cual permitirá reformas y acuerdos en aquello
en que todos coincidan, o al menos que sean aceptados por la mayoría.
No se puede
esperar más, pero tampoco menos.
VOTO EN EL EXTRANJERO
El voto en
el extranjero forma parte de la reforma electoral, pero los legisladores más
sensatos han pedido que se considere como un tema aparte, como una reforma
constitucional que se analice por separado, para evitar que la discusión se
empantane.
Hay muchos
argumentos contra el voto de los mexicanos en el extranjero, pero uno de los
más importantes sería de orden estrictamente práctico:
¿Quién
supervisaría que el proceso electoral en Estados Unidos que permitiría votar a
los mexicanos que allá viven fuera un proceso apegado a las leyes mexicanas?
¿Cómo haría
el IFE para vigilar ese proceso?
¿Permitirán
las autoridades de Estados Unidos, particularmente las autoridades estatales
que en su territorio actúen autoridades extranjeras?
Se habla de
que en el proceso intervendrían los consulados, donde se podría captar parte de
la votación en territorio norteamericano. Esto haría que la documentación y las
boletas electorales o, en su caso, el manejo de la infraestructura electrónica
que permitiera el voto por Internet, estuviera de alguna manera bajo la
vigilancia de personal de relaciones exteriores, lo cual involucraría al
Ejecutivo en un proceso que sólo debe vigilar el IFE.
¿Cómo
vigilar que no se haga campaña en los medios de Estados Unidos? ¿Cómo
impedirlo?
Por otra
parte, no hay que olvidar que las más recientes elecciones presidenciales, las
de 2000, fueron ganadas por Vicente Fox por un margen de poco más de 2 millones
y medio de votos. Y que los votos esperados,si pudieran votar los mexicanos en el extranjero, serían casi tres
millones.
Entonces, la
decisión de quién fuera el siguiente Presidente de México estaría en manos de
quienes viven en Estados Unidos y muchos de los cuales no tienen el menor deseo
de volver a México.
¿Qué
intereses prevalecerían en el ánimo de los mexicanos que viven allá?
Por eso, la
mayoría de los partidos quieren analizar el tema por separado, para en todo
caso posponer su aprobación para otra ocasión, si la discusión de empantana.
VIGILIA
Quien estuvo en vela fue la gente de Andrés Manuel
López Obrador.
La semana fue
empleada para lanzar una contraofensiva y darle sustento a la teoría del
complot en el caso del videogate.
Serían dos
fines de semana en que varios medios impresos dedican grandes espacios a
difundir todas las teorías, los hechos y las declaraciones que sustentarían
dicha teoría del complot.
Hay,
indudablemente, un deseo en varios de esos medios de contribuir a salvar la
imagen de Andrés Manuel López Obrador.
Se ha
convertido al empresario de origen argentino en el origen de toda la corrupción
descubierta en el PRD.
Se utiliza
su figura para de paso arrasar también con las imágenes de todos aquellos que
son considerados adversarios.
Para empezar
se continúa la campaña de desprestigio contra Rosario Robles, contra la familia
de Cuauhtémoc Cárdenas, con lo cual se aseguran que el ingeniero Cárdenas ya no
tendrá la autoridad moral para disputar la candidatura presidencial del PRD.
Se construye
un entramado de intriga tal que el complot es presentado como la única
explicación para los videos.
Se inventa,
se insinúa y se teje una maraña de evidencia circunstancial que se utiliza para
probar que lo del videogate fue sólo un intento de socavar la imagen de López
Obrador, el candidato presidencial.
Mas también
se mantiene intocada la imagen de René Bejarano, se trata suavemente a los
exdelegados Carlos Imaz y Octavio Flores. Y se cierra la posibilidad de
averiguar en cuántas otras dependencias del gobierno de la ciudad de México
hubo -o hay- corrupción.
Es,
ciertamente, una estrategia mediática, pero también una estrategia que hasta
ahora ha sido eficaz para controlar el daño causado por los escándalos de
corrupción a la imagen de López Obrador.
Eso, por
supuesto, no hace que sea cierta la teoría del complot, pero si le da una
salida de emergencia al gobierno del DF.
Y se tiende
la cortina de humo que hacía falta para ocultar todo lo demás.