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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

11 de abril de 2004

Número 6

 

REFORMA ELECTORAL

 

Todavía no se secaba la tinta del acuerdo que firmaron algunos legisladores con el Secretario de Gobernación Santiago Creel y surgieron las diferencias.

Los primeros fueron los priístas, quienes se oponen a que se reduzca el gasto del IFE a costa de las prerrogativas a los partidos políticos y no quieren que sea el Instituto Federal Electoral quien determine cuándo y cómo se contratarán los espacios en los medios electrónicos.

De inmediato los panistas acusaron a los priístas de traicionar el acuerdo.

El problema central para el Secretario de Gobernación fue que no llevó a los coordinadores de los partidos a suscribir el acuerdo sobre la reforma electoral, lo cual lo convierte sólo en un proyecto que tiene el apoyo de unos cuantos legisladores.

Se sacrificó la sustancia -la posibilidad de acuerdos-, por la espectacularidad del acto de suscribir un acuerdo.

Lo curioso es que al final del día todos los partidos están de acuerdo en una cosa: hay que hacer una reforma electoral.

Será tarea de los cabilderos del Ejecutivo y de los coordinadores de las bancadas conciliar y reconciliar todos los puntos de vista.

Será, sin duda, una reforma electoral parcial, no la reforma total que desean muchos estudiosos del tema.

Mas se impondrá la realidad política, la cual permitirá reformas y acuerdos en aquello en que todos coincidan, o al menos que sean aceptados por la mayoría.

No se puede esperar más, pero tampoco menos.

 

VOTO EN EL EXTRANJERO

 

El voto en el extranjero forma parte de la reforma electoral, pero los legisladores más sensatos han pedido que se considere como un tema aparte, como una reforma constitucional que se analice por separado, para evitar que la discusión se empantane.

Hay muchos argumentos contra el voto de los mexicanos en el extranjero, pero uno de los más importantes sería de orden estrictamente práctico:

¿Quién supervisaría que el proceso electoral en Estados Unidos que permitiría votar a los mexicanos que allá viven fuera un proceso apegado a las leyes mexicanas?

¿Cómo haría el IFE para vigilar ese proceso?

¿Permitirán las autoridades de Estados Unidos, particularmente las autoridades estatales que en su territorio actúen autoridades extranjeras?

Se habla de que en el proceso intervendrían los consulados, donde se podría captar parte de la votación en territorio norteamericano. Esto haría que la documentación y las boletas electorales o, en su caso, el manejo de la infraestructura electrónica que permitiera el voto por Internet, estuviera de alguna manera bajo la vigilancia de personal de relaciones exteriores, lo cual involucraría al Ejecutivo en un proceso que sólo debe vigilar el IFE.

¿Cómo vigilar que no se haga campaña en los medios de Estados Unidos? ¿Cómo impedirlo?

Por otra parte, no hay que olvidar que las más recientes elecciones presidenciales, las de 2000, fueron ganadas por Vicente Fox por un margen de poco más de 2 millones y medio de votos. Y que los votos esperados,  si pudieran votar los mexicanos en el extranjero, serían casi tres millones.

Entonces, la decisión de quién fuera el siguiente Presidente de México estaría en manos de quienes viven en Estados Unidos y muchos de los cuales no tienen el menor deseo de volver a México.

¿Qué intereses prevalecerían en el ánimo de los mexicanos que viven allá?

Por eso, la mayoría de los partidos quieren analizar el tema por separado, para en todo caso posponer su aprobación para otra ocasión, si la discusión de empantana.

 

VIGILIA

 

Quien estuvo en vela fue la gente de Andrés Manuel López Obrador.

La semana fue empleada para lanzar una contraofensiva y darle sustento a la teoría del complot en el caso del videogate.

Serían dos fines de semana en que varios medios impresos dedican grandes espacios a difundir todas las teorías, los hechos y las declaraciones que sustentarían dicha teoría del complot.

Hay, indudablemente, un deseo en varios de esos medios de contribuir a salvar la imagen de Andrés Manuel López Obrador.

Se ha convertido al empresario de origen argentino en el origen de toda la corrupción descubierta en el PRD.

Se utiliza su figura para de paso arrasar también con las imágenes de todos aquellos que son considerados adversarios.

Para empezar se continúa la campaña de desprestigio contra Rosario Robles, contra la familia de Cuauhtémoc Cárdenas, con lo cual se aseguran que el ingeniero Cárdenas ya no tendrá la autoridad moral para disputar la candidatura presidencial del PRD.

Se construye un entramado de intriga tal que el complot es presentado como la única explicación para los videos.

Se inventa, se insinúa y se teje una maraña de evidencia circunstancial que se utiliza para probar que lo del videogate fue sólo un intento de socavar la imagen de López Obrador, el candidato presidencial.

Mas también se mantiene intocada la imagen de René Bejarano, se trata suavemente a los exdelegados Carlos Imaz y Octavio Flores. Y se cierra la posibilidad de averiguar en cuántas otras dependencias del gobierno de la ciudad de México hubo -o hay- corrupción.

Es, ciertamente, una estrategia mediática, pero también una estrategia que hasta ahora ha sido eficaz para controlar el daño causado por los escándalos de corrupción a la imagen de López Obrador.

Eso, por supuesto, no hace que sea cierta la teoría del complot, pero si le da una salida de emergencia al gobierno del DF.

Y se tiende la cortina de humo que hacía falta para ocultar todo lo demás.  

 

 

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