Se han abierto frentes de confrontación en los tres
principales partidos políticos.
En el PAN, a pesar de una decisión provisional, no se
ha resuelto el método para elegir al candidato presidencial el año próximo.
En esta batalla están enfrascados tres grupos:
El grupo de Felipe Calderón no desea que se abra la
votación de la elección del candidato a toda la ciudadanía, prefiere que el
proceso sea uno en el que los militantes del PAN y sus adherentes sean quienes
lo elijan.
Calderón es un panista legítimo y sabe que tiene
muchas posibilidades de ganar la candidatura, si quienes eligen son únicamente
los panistas.
Aunque algunos aseguran que Santiago Creel también
quiere una elección abierta a todos los ciudadanos, no es así, porque el grupo
que respalda al Secretario de Gobernación se ha aliado con los simpatizantes de
Calderón, para mantener la elección semicerrada.
Es el Grupo Guanajuato, quienes apoyan a Marta Sahagún
de Fox, los que quieren la elección abierta, pues saben que esa es la única
posibilidad que tienen que ganar la candidatura.
Por eso la declaración de Carlos Medina Plascencia,
exgobernador de Guanajuato, quien tiene ya un grupo de especialistas integrado
para preparar la plataforma y el proyecto de gobierno para la señora Sahagún.
La decisión provisional adoptada en la sesión de
varias horas del pasado viernes no es sino un intento de posponer la
confrontación.
El Grupo Guanajuato está utilizando todo el poder
presidencial para presionar a los cuadros directivos del PAN.
Calculan que todavía tienen posibilidades de tener
éxito.
Y emplea la
Presidencia todo tipo de artimañas, como la filtración de una supuesta
conversación entre Diego Fernández de Cevallos y Antonio Lozano Gracia, para
acusar al senador Fernández de tráfico de influencias.
Saben en Los Pinos que Fernández de Cevallos cuenta
con mucho respaldo en los comités estatales y locales, así que la estrategia es
socavar su influencia y dejar aislado a Felipe Calderón.
Todavía falta mucho para escribir el desenlace de este
enfrentamiento.
Por ahora, Luis Felipe Bravo Mena ha impedido que el
pleito se generalice, a pesar del poco apoyo que le brinda su secretario
general Manuel Espino.
A veces pareciera que el pleito de los panistas no es
entre ellos, sino que tienen que pelear con el Grupo Guanajuato enquistado en
Los Pinos.
EL PRI
En el PRI, aunque Roberto Madrazo se maneja para dar
la impresión de que tiene bajo control a todas las fuerzas del partido, en
realidad se mueve, como siempre, sobre terreno muy frágil, porque sabe que
dentro de pocas semanas la ofensiva será más fuerte, aunque confía en que no le
presionarán excesivamente, al menos no hasta que se hayan celebrado las
principales elecciones de gobernador.
No obstante, ya no se le dejará con la misma libertad
que ahora.
Con el grupo “Enlace” conformado exclusivamente por
antimadracistas, se le exigirán definiciones políticas que, por ahora, Madrazo
no puede arriesgarse a tomar.
Otro síntoma de que la sucesión dentro del PRI empieza
a contagiar a lo ancho del partido es la confrontación de Manlio Fabio
Beltrones con Emilio Chuayffet, porque éste último ha empezado a trabajar para
atraer a todos los diputados que puede a las filas de los simpatizantes de
Arturo Montiel Rojas.
Han conseguido los priístas mantenerse fuera del foco
de la atención pública, gracias a los escándalos perredistas, pero eso no
durará mucho tiempo, porque ya muchos de los aspirantes han empezado a
maniobrar más abiertamente.
Madrazo, acostumbrado a manejarse en escenarios
adversos, tendrá que lidiar con todos los gobernadores que aspiran.
El problema central no será determinar quién sale
triunfador y quién gana la candidatura.
El problema central para el priísta es la orfandad en
que se quedaron al faltarles la figura patriarcal del Presidente de la
República que resolvía los conflictos y, sobre todo, que pacificaba a los
descontentos.
Sin esa figura, al parecer, los priístas están
perdidos y no consiguen transmitirle a la población la percepción de que hayan
cambiado y de que ahora son modernos y democráticos.
EL PRD
El PRD está embarrancado por la estrategia de Andrés
Manuel López Obrador de salvar su imagen del escándalo del videogate.
Siendo, como es, López Obrador el perredista
inmensamente popular entre la población que es hoy, el PRD de Leonel Godoy y
las corrientes que no se disolvieron, han decidido mantener su apuesta en la
figura el tabasqueño.
Es una apuesta riesgosa, porque el estilo rijoso de la
política de López Obrador está llevando al PRD a una pelea contra la mayoría de
las instituciones del Estado.
Además de la larga lista de personajes a quienes acusa
el tabasqueño de organizar complots en su contra, está en franca pelea con la
PGR de Rafael Macedo de la Concha y con el Instituto Federal Electoral, éste
último acusado ayer de faccioso por Leonel Godoy.
No hay que olvidar el pleito que tiene con la Suprema
Corte de Justicia y con la Secretaría de Gobernación.
Este pleito lo han convertido los perredistas en una
sistemática campaña para socavar la credibilidad de todas las instituciones del
Estado a las que consideran como adversarias de López Obrador.
Es una apuesta peligrosa, porque al paso de los meses
convencerán a muchos ciudadanos de que las instituciones del Estado no son
confiables.
Y cuando las instituciones no son confiables, entonces
los ciudadanos tienen que confiar en las figuras salvadoras.