Con un despliegue de apoyo económico, el excanciller
Jorge Castañeda ha lanzado su candidatura a la Presidencia, con la bandera de
que es el candidato ciudadano. Y, quiérase o no, forzará al resto de los
aspirantes a las candidaturas presidenciales de los tres grandes partidos a
acelerar su ritmo.
La lógica de Castañeda lo ha llevado a montarse en el
descrédito de los partidos políticos. Intenta, pues, presentarse como lo que
los norteamericanos llaman un “outsider”, un hombre de fuera de la política y,
por eso mismo, presuntamente no contaminado por la corrupción que tiene
escandalizada a la sociedad.
Para ello cuenta con el apoyo de varios medios de
comunicación, además del respaldo de militantes de las élites intelectuales que
fracasaron en registrar a los partidos México Posible y Fuerza Ciudadana. A
partir de esa base intentará construir su candidatura.
Sabe Castañeda que no tiene futuro su demanda para que
la Suprema Corte de Justicia declare inconstitucional el requisito de que para
figurar en las boletas electorales de 2006 hay que ser postulado por algún
partido que posea registro legal.
Pero en tanto su demanda es procesada en la Suprema
Corte, se mantendrá Castañeda en el escenario político.
Dice representar a todos los ciudadanos sin partido,
pero tendrá dificultades para sortear los obstáculos legales que existen para
una candidatura independiente.
Los obstáculos para una candidatura independiente
tienen como objetivo evitar el surgimiento de personajes providenciales, de
caudillos, porque la tendencia, aunque errática, ha sido transformar el proceso
democrático en México en un proceso que se sustente en instituciones, no en
personas.
Es Castañeda un hombre muy lúcido, con una
inteligencia muy apta para el intercambio de ideas y apto para enfrentar el
discurso de cualquier adversario.
Pero también es un hombre soberbio, como ocurre con
tantas personas que son sumamente inteligentes.
Los apoyos con que cuenta, hasta ahora desconocidos,
hace suponer que se trata de la apuesta de algún poderoso grupo de interés, el
cual desea asegurarse de que cuenta con algún candidato a la Presidencia en
reserva, en caso de que las dificultades en los tres grandes partidos lleguen a
arriesgar la estabilidad del proceso electoral.
Ese grupo de interés, por supuesto, no desea ser
identificado, porque así no será vinculado a Castañeda en caso de que su
candidatura fracase.
Su problema es que al negarse a revelar sus fuentes de
financiamiento sólo consigue que su campaña arranque en medio de la sospecha,
en medio de las dudas.
¿Qué intereses representa?
Además de los de Jorge G. Castañeda, claro.
SECRETARIA DEL INTERIOR
Si la información publicada por el diario La Jornada
es cierta, el grupo de Los Pinos, que a veces parece maniobrar más a favor de
la señora Marta Sahagún de Fox que a favor de la Presidencia de la República,
ha puesto en marcha un proyecto cuyo objetivo es, sin duda, empezar a anular a
Santiago Creel Miranda, sobre todo después de la recuperación que el Secretario
de Gobernación ha tenido en las encuestas.
La PGR, según la nota de La Jornada, se convertiría en
la Fiscalía General de la Nación. Todo el aparato de la Agencia Federal de
Investigación, la Policía Federal Preventiva y prácticamente todos los
organismos de inteligencia pasarían a una nueva Secretaría del Interior.
¿Quién sería el Secretario del Interior?
A menos que la jugada haya sido un gambito, es muy
posible que el nombramiento recaería en Alejandro Gertz Manero, quien
capitalizó bien el trabajo para detectar el tráfico de combustibles en Pemex.
Y entonces el Secretario de Gobernación Santiago Creel
vería mermadas sus funciones y con ello su capacidad de maniobra para disputar
la candidatura panista por la Presidencia de la República.
Independientemente del enorme riesgo que se corre al
mezclar a la AFI con la Policía Federal Preventiva, no cabe duda que la
maniobra es fundamentalmente política.
Y a ello se suma los trabajos que ya utiliza una
asociación de panistas denominada “Asociación por una Democracia
Participativa”, a favor de la señora Sahagún de Fox.
Faltaría que estuviera el PAN muy cerca de verse
cercado, asediado y rebasado, como le ocurrió en 1999.
La maniobra es riesgosa también porque, si se provoca
una fractura panista, difícilmente llegaría el PAN con la fortaleza que
requiere 2006, pues ha pagado todos los costos de los errores de Vicente Fox,
sin llevarse ninguno de los logros de la administración que llevó al poder.
SISTEMA
En el Congreso ya hay un exceso de iniciativas de
Reforma Electoral.
Además de la que presentó el Ejecutivo, que es una
versión revisada del trabajo que ya se había hecho en el Senado, existen otras
iniciativas en la Cámara de Diputado, aunque la más destacada es la que
conjuntamente patrocinan priístas, panistas y perredistas.
Se habla de reducir los costos de campaña. Esa es la
bandera, una bandera que es fácil de vender, después de que se ha hecho una
campaña tan intensa acerca del gran costo económico de la democracia
partidista.
La idea, en verdad, es impedir que surjan candidatos
fuera de los partidos políticos, que nadie pueda ser candidato si antes no
negoció con un partido político.
No es una mala idea, después de todo, porque se tiene
que hacer algo para encauzar la proliferación de organizaciones políticas, de
candidatos con vocación de caudillos y se tiene que mantener un cierto orden en
los procesos político electorales.
El efecto colateral de una reforma así es que, por
ejemplo en el caso del PRI, la regulación sobre las precampañas le da a Roberto
Madrazo el instrumento justo para mantener a raya a los gobernadores que le
disputan la candidatura.
Por eso el entusiasmo de muchos diputados priístas por
esa iniciativa.
Es una iniciativa coyuntural, pero si no se corrige,
también es una iniciativa que podría asegurarle a Madrazo la candidatura, y en
el mejor de los casos bloquearía a muchos aspirantes.