La semana continuó salpicada por los escándalos de
corrupción del videogate.
Los dimes y diretes, y la tendencia incontrolable de
los medios a reportar más las declaraciones que los hechos, han contribuido a
enturbiar un caso sin esperar a que las investigaciones que hacen la
Procuraduría General de la República y la del Distrito Federal aporten hechos
verificables.
De lo que no hay ninguna duda es que la imagen de
Andrés Manuel López Obrador ha sido dañada, a pesar de la férrea defensa que
han hecho sus colaboradores.
En ningún otro caso como en el del Videogate ha sido
más evidente aquella vieja definición de que una imagen vale más que mil
palabras.
Quizá haya sido un error de López Obrador responder a
sus acusadores con un mitin de respaldo.
Se alejó de un sector del electorado que, aunque está
desencantado por el ineficiente cambio del gobierno foxista, tampoco quiere ser
llevado a la política de la marcha, los plantones y la manifestación callejera.
Sólo el tiempo dirá si López Obrador puede recuperar
la confianza de aquellos no perredistas que le consideraban ya un candidato
viable a la Presidencia.
Se alejó del centro izquierda que suele ser más
digerible para el electorado.
Y le abrió un resquicio al ingeniero Cuauhtémoc
Cárdenas, el fundador del PRD, quien está en posibilidades de reencauzar una
carrera hacia la candidatura presidencial que todos veían perdida ante la
aparente invulnerabilidad de López Obrador.
Cárdenas es más atractivo al electorado sin partido.
El reto de López Obrador, sin duda, será recomponer su
imagen.
EL ATENTADO
El atentado contra el gobernador de Oaxaca José Murat
ha sido descalificado como autoatentado, particularmente por sus adversarios
que son muchos.
Murat tiene un carácter brusco, tosco, y a lo largo de
su mandato en Oaxaca ha hecho muchos enemigos.
Es una ociosidad especular a partir de supuestas
“revelaciones” de algunos medios, convertidos en agentes del ministerio
público.
Es cierto, los hechos del atentado son muy confusos.
Confusos porque se da excesiva importancia a las declaraciones hechas a poco
tiempo del atentado, cuando es sabido que los testigos y participantes de un
hecho como el ocurrido en Oaxaca suelen ser inexactos en sus percepciones.
Por otra parte, quizá se nos olvida que en México,
hasta en la ciudad de México, las escenas del crimen no suelen caracterizarse
por mantenerse intocadas.
Hemos visto aquí en México como los reporteros y
fotógrafos de prensa consideran un atentado a la libertad de expresión que se
les impida invadir y moverse a su arbitrio en la escena de un crimen.
En el caso de Oaxaca, la escena del crimen no fue
preservada. Hay una foto de la agencia Associated Press tomada desde el
interior de la camioneta atacada.
Hay mucha confusión, alguna intencionada, otra de
buena fe.
Lo mejor de todo esto es que la Procuraduría General
de la República, con más capacidad y recursos para la investigación, ya ha
tomado el caso. Y, como elemento desconcertante, ha señalado que se investigará
todo, hasta cómo fue que la evidencia que era la camioneta atacada fue
manipulada. Y, dijo la PGR que no descarta investigar al personal de la
procuraduría oaxaqueña y hasta el procurador estatal.
Un caso muy confuso, pero sobre todo, ya politizado y
envenenado por el interés de algunos medios de imponer sus conclusiones.
Ojalá y la PGR lo dilucide, porque si se desvía la
atención con la versión del autoatentado, sin pruebas, se corre el riesgo de
enviar el mensaje de que estos actos de violencia política pueden quedar
impunes, como ya ha ocurrido en el pasado.
REFORMA ELECTORAL
Según el Presidente Fox y Santiago Creel, la
iniciativa de reformas a la ley electoral que enviarán el próximo lunes al
Congreso de la Unión constituye un avance.
Tiene los objetivos de hacer más rigurosa la
fiscalización de los recursos que manejan los partidos políticos, tanto los
recursos públicos como los recursos provenientes de particulares.
También de acortar los períodos de las campañas
electorales. Se fijarían 90 días para la campaña presidencial. 60 días para las
campañas de senador y 45 días para las de diputados federales.
Se proponen que los períodos de precampaña también
sean reglamentados y que sean de 45 días para los aspirantes a las candidaturas
presidenciales, de 30 días para los aspirantes de las candidaturas de Senador,
y 24 días para los aspirantes de las candidaturas a diputado federal.
Aquí empiezan las preguntas. Ya que se fijan plazos
para las precampañas, ¿Quién las pagará? ¿Si no las pagara el gobierno, cómo
fiscalizarán los gastos de cada aspirante?
El problema es que cualquier ciudadano puede anunciar
que quiere ser candidato a Presidente, Senador o diputado federal. Y que se
dedicará a conseguir el respaldo de los militantes de algún partido.
Y constitucionalmente puede hacerlo en cualquier
momento, en uso de sus derechos ciudadanos. ¿Cómo se decidirá cuándo está
alguien en precampaña? ¿El límite de tiempo no sería acaso una limitación
inconstitucional de sus derechos?
Luego está el otro objetivo: unificar el calendario
electoral de toda la República.
El pretexto es que así se reducirán los costos de
precampaña.
¿Estarán de acuerdo todas las entidades del Pacto
Federal en acomodarse a una sola fecha electoral?
¿Cuántos interinatos en gubernaturas, congresos
locales y presidencias municipales aguantará la República? Porque tendría que
haber interinatos.
Por ejemplo. Si se aprobara la medida, es de suponerse
que será un proceso paulatino, pero cómo hacer coincidir los calendarios de las
elecciones en Chihuahua, con esos ideales calendarios federales.
Habrá elecciones federales en 2006 y 2012.
En Chihuahua hay elecciones este año, habrá elecciones
en 2007 y otra vez en 2010.
Calcúlese que si se aplica la ley a partir de 2006,
entonces la elección de gobernador coincidiría con la siguiente elección
presidencial, la de 2012. Entonces habría un interinato de dos años.
Un galimatías que quien lo ideó piensa en un país
ideal, en Estados ideales y municipios de ensueño.
Y son apenas dos aspectos de la ambiciosa reforma
electoral que mañana lunes será presentada al Congreso.
El error de intentar hacer leyes para el México que
ellos creen que debe ser, no para el México que es.
Cuidado, porque esa idea de legislar para la Nación
que debiera ser y no la que es, fue lo que consideró Mijail Gorbachov como una
de las razones de que la Unión Soviética se hizo pedazos.