Con el Café 06/Mar/04
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 1

6 de marzo de 2004

Número 1

 

EL CASO LÓPEZ OBRADOR

 

La información fluyó vertiginosamente desde que se difundió el video en el que aparece el exsecretario particular del jefe de gobierno del DF y líder de la Asamblea Legislativa del DF René Bejarano recibiendo dinero del empresario argentino Carlos Ahumada.

“Fue un error”, aclara Bejarano. Recuperado del impacto de haber sido sorprendido in fraganti, Bejarano retoma el discurso de Andrés Manuel López Obrador.

La estrategia de defensa de López Obrador es clara:

Tienen la responsabilidad la derecha, Carlos Salinas y Marta Sahagún, quienes desde Los Pinos urdieron la trampa para difundir los videos.

Bejarano alega que obró de buena fe. Quedó atrapado en la trampa que le tendieron los amigos del empresario Carlos Ahumada, amigos que han sido identificados. Se trata de Rosario Robles, Carlos Imaz y Ramón Sosamontes. Es una casualidad, por supuesto, que esos tres perredistas, ya en proceso de ser expulsados del PRD, sean precisamente los principales miembros de la corriente que se opone a la candidatura presidencial de López Obrador.

Es la hora de las traiciones y la hora del linchamiento en el PRD.

Ese es el primero y más serio dilema que tiene que resolver Andrés M. López Obrador.

¿Dejará correr la guerra civil que ha estallado en las filas de su partido?

Es posible, porque eso le permitirá eliminar a sus adversarios perredistas. Pero también deja al partido debilitado.

Lo debilita porque lo priva de una de sus corrientes, que si bien no es mayoritaria, es la corriente que encabeza el fundador del PRD: Cuauhtémoc Cárdenas.

El otro dilema es cómo salvar a René Bejarano de sí mismo.

Bejarano tiene un siniestro historial de corrupción y chantaje. Igual que su esposa la diputado federal Dolores Padierna.

Pero ambos encabezan la corriente de Izquierda Democrática, con presencia en las zonas más populosas del Distrito Federal. Sin el apoyo de Izquierda Democrática, López Obrador no hubiera ganado la mayoría en la Asamblea Legislativa el pasado julio.

Tiene que salvar a Bejarano, porque es un sinvergüenza útil, pero también tiene López Obrador que salvar su imagen.

Por eso se apunta a un complot para destruirlo, como intento de culpar a otros de los pecados propios.

Pero la imagen ha sido lastimada. Ha sido puesta en tela de duda su principal carta: su integridad personal.

Es cierto, nadie acusa a López Obrador de haber tomado dinero o haber desviado recursos públicos.

Pero no puede ignorar que los video-escándalos han manchado su administración. Él, López Obrador, es quien tiene la responsabilidad de administrar y gobernar la ciudad de México.

Y tendrá que hacer mucho, pero mucho más de lo que ha hecho en estos días, para sacudirse la mancha de corrupción que dos de sus hombres más cercanos y varios de sus compañeros de partido han dejado en el gobierno de la ciudad.

El reto será como salir limpio del pantano de corrupción que ha empezado a aflorar.

En su empeño por repartir culpar, empeño que responde a la urgente tarea de salvar su imagen López Obrador puede cometer un error que sería fatal:

En esa lucha por salvar la imagen el señor López Obrador puede desbarrancar al PRD.

Y si embarranca al PRD, la izquierda mexicana, atrapada en sus peores vicios, como el clientelismo y la  tendencia al autoritarismo, habrá perdido una vez más la oportunidad de presentarse en 2006 como una opción viable y seria de gobierno.

 

 

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