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8 de Mayo de 2008
Esta madrugada, Joaquín, fue
asesinado Edgar Millán Gómez, comisionado de seguridad regional de la
Secretaría de Seguridad Pública Federal, el encargado de coordinar los
operativos contra las bandas del narcotráfico en toda la República.
Las bandas criminales del narco
han puesto en marcha la sistemática eliminación de jefes y mandos policíacos de
todos los niveles de gobierno.
Son actos de terrorismo.
Desafíos al Estado Mexicano y a
la seguridad nacional, pues busca desarmar a las instituciones encargadas de
proteger a la sociedad mexicana.
Aunque no lo crean, Joaquín, no pienso que estemos ante el dilema
de escoger entre la irrestricta protección de los derechos humanos y la
garantía de la seguridad nacional.
Ese, Joaquín, es un falso
dilema. Bueno para una provocativa charla en la mesa política, pero el peor de
los caminos para que la sociedad mexicana combata a los criminales del narco.
A la sociedad y al Estado se le
defiende con las armas de la ley. Pero los administradores de la ley, los
jueces deben colaborar. Deben correr riesgos.
Que no veamos a los militares
en plantón ante un domicilio, como transmitiste ayer, con la evidencia criminal
a la vista, pero atados de manos, porque un juez federal no se decidía a dar la
orden de cateo.
Los jueces, tan celosos de
procedimientos judiciales, también deben arriesgarse en la lucha contra el
narcotráfico.
Si los administradores de
justicia no tienen la voluntad, no se quieren arriesgar, Joaquín, ya perdimos
la mitad de la batalla.
Y sólo quedaría decir: apaguen
la luz y vámonos.
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