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Algún día del próximo enero, el ujier de la Cámara de Representantes de
Estados Unidos anunciará la presencia del Presidente Barack Obama. Y el
mandatario norteamericano hablará a su Congreso y a su
nación.
Unos le aplaudirán. Otros no. Pero todos, le escucharán con respeto.
Y nada de someter al Presidente Obama a interrogatorios
parlamentarios.
El diálogo con el Congreso allá es más en corto. Debe serlo,
porque los Presidentes allá no tienen facultad de presentar iniciativas.
Y prácticos como son, los norteamericanos saben que los diálogos multitudinarios
no sirven para nada.
Recordé esto al escuchar al Presidente Calderón leer su
mensaje, versión diluida del viejo ritual del Informe Presidencial. Cancelado
por los malos humores del Congreso.
No hubo autocrítica, dirán algunos. Por favor, en
ninguna parte del mundo los jefes de Estado hacen autocrítica al leer sus
mensajes.
Optimista, utilizó aquello de “si se
puede”, aquellos de "yes we can"
Es lógico, pues el único mexicano que no puede mostrar
desesperación es el Presidente de la República.
El día que eso ocurra, que el último que salga apague
la luz.
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