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30 de Mayo de 2008
Hace algunos años, Joaquín, en este tu espacio, comenté sobre qué
difícil debe ser policía.
No hablo de los policías de las
comunidades asoladas por la violencia del narco. Sólo de ser policía en la
ciudad de México.
Debe ser muy difícil intentar
hacer tu tarea de proteger a la sociedad, cuando tantos en esa sociedad hablan mal del policía, lo
insultan aunque sea con el claxon y lo consideran un paradigma de corrupción.
Claro, hablo del policía raso,
no de los altos mandos.
El viejo comentario me lo trajo
a la memoria la escena del personaje al cual con trabajo detuvieron casi dos
docenas de policías por haber hecho disparos en la calle y se enfrentaron no sólo
a un mastodonte de 120 kilos, y además enfrentaron a los familiares que lo
defendieron.
Ahora a los policías los
investigan y los detenidos están libres.
Personalmente, y contra la
opinión publicada, pienso que los policías cumplieron con su deber. ¿Qué se
habría dicho de ellos si no detienen a quienes hicieron disparos en las calles?
Son unos irresponsables.
Los policías hicieron lo que
pudieron al detener al rijoso mastodonte.
Yo lo hubiera sometido a
toletazos. Por eso no soy policía.
No lo golpearon, lo sometieron.
¿Cómo sometes a un tipo de 120 kilos? Como puedes.
Seamos realistas. ¿Cómo mueves
un ropero de tres lunas? Pues arrastrándolo
Y todavía los investigan. Ya
no hay justicia, que diría Raúl Rodríguez, ya no hay moral.
Pero hay que proteger, ante
todo la imagen de los jefes. Faltaba más.
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