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27 de Mayo de 2008
Desde el inicio de su
administración el Presidente Felipe Calderón se fijó el objetivo de corregir
las fallas que convirtieron a la gestión de Vicente Fox en una Presidencia
dislocada.
Desde Los Pinos se impulsó la
práctica de que el gabinete no actuara por su cuenta, como tantas veces ocurrió
en el pasado sexenio, sino en consonancia con el mensaje presidencial.
Ya nadie duda que el Presidente
Calderón ha conseguido su objetivo.
Pero ha colocado a la mayoría
de los miembros del gabinete en una posición muy cómoda. En la mayoría de los
temas, sean petroleros, sean de seguridad o sean agropecuarios, el que da la
cara es el Presidente de la República.
Así ocurre con el programa
emergente con el cual se intenta contener las alzas de precios en alimentos
básicos para la población.
Sin embargo, el que está en la
primera línea de defensa del programa es el Presidente Calderón.
En la primera línea de defensa
del programa alimentario, igual que en la reforma petrolera, está el Presidente
de la República.
El gabinete, no el Presidente,
debería defender el programa. El gabinete tendría que discutir, con las
organizaciones, con los partidos, con la sociedad.
Asumir la responsabilidad de
sus despachos. Ser realmente agresivos en defender la política del gobierno
para el cual trabajan.
No lo hacen con la agresividad
necesaria. Quizá es por modestia, o quizá porque no los dejan.
Es cierto, mucho ha cambiado
México, pero la figura presidencial sigue siendo el eje del sistema político.
Hay que cuidarla, no
desgastarla.
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