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21 de Mayo de 2008
Los saldos sangrientos de la
lucha contra el narcotráfico son cada semana mayores.
Algunos se desesperan porque la
batalla contra las bandas del narcotráfico ha durado ya casi 18 meses y, sobre
todo porque ha costado muchas vidas. Han muerto varios miles de personas, más
de 400 policías y militares. Y la batalla sigue.
Quizá esperaban resultados
mágicos de las acciones del gobierno federal.
No ha sido así, porque nadie en
su sano juicio debió pensar que ocurrirían esos milagros.
Será una batalla larga, de
años.
Pero más larga será porque el
gran consumidor de las drogas, Estados Unidos, no ha conseguido erradicar de su
sociedad una suerte de permisividad, de tolerancia social hacia el consumo de
drogas.
Doy ejemplos. El pasado abril,
en una universidad de California se celebró el día de la hierba. Y se reunieron
algo así como 10 mil estudiantes a fumar marihuana. No hubo detenidos, la
policía sólo vigiló que no hubiera desórdenes.
Y hace dos semanas, la DEA hizo
una redada de vendedores de droga en la universidad en San Diego. Detuvieron a
un centenar de distribuidores de droga. Muchos de ellos estudiantes a punto de
graduarse.
Así, mientras haya una alberca
tan grande, habrá trampolín en México.
Eso da la dimensión de la tarea
que tiene que enfrentar México. Una batalla que, como se ha dicho, Joaquín,
durará años.
Vale más que lo aceptemos con
realismo, sin dramatismos ni corazones sangrantes.
Hay que dar la batalla, porque
no debemos permitir que el crimen organizado pudra a la sociedad mexicana.
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