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15 de Mayo de 2008
Quizá hoy debería hablar,
Joaquín, sobre los maestros y su celebración, pero el México real, siempre
terco, me condujo a otro tema.
Apenas el mes pasado, el Presidente
de la República Felipe Calderón decía que los mexicanos perciben que la
justicia no es, ni pronta, ni expedita.
E presidente de la Suprema
Corte de Justicia Guillermo Ortiz Mayagoitia afirma que la aplicación del
derecho penal es el camino para obtener justicia, porque es el más antiguo
sustituto de la venganza privada, allá en el México profundo, la gente no cree,
Joaquín.
En el México real la
criminalidad y el delito no son temas de charlas académicas, porque allá en el
México real se padecen los delitos.
Comprueban que al Estado y a
sus representantes de policía y procuración de justicia les importa un comino
la protección de los ciudadanos comunes.
Un ejemplo: secuestraron a un
jovencito en ciudad Netzahualcóyotl. La madre acude a las autoridades. La
escuchan, pero no hacen nada. Insiste. Le dicen que ya no fastidie. Ellos le
avisarán si encuentran a su hijo. Y a otra cosa.
Eso ocurre, Joaquín, en Neza, a
20 minutos del centro de la ciudad de México. Ahí donde el municipio presume su
angustia por los pobres.
La criminal indiferencia de las
autoridades de Neza cierra la puerta de la justicia a una madre que busca a su
hijo secuestrado. ¿Por qué va a creer que la protege el Estado?
Decía el filósofo Juan Luis
Vives que cuando se destierra la justicia en una sociedad, muere la libertad.
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