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7 de Mayo de 2008
El conflicto minero sigue como el cuento de
nunca acabar.
Napoleón Gómez Urrutia sigue inamovible.
Desde su dorado exilio en Canadá mantiene un control férreo del sindicato
minero.
Hasta se reelige en una asamblea a la que
asiste vía satélite, desde su casa en Canadá.
A finales del sexenio de Ernesto Zedillo,
Gómez Urrutia fue ungido por su padre Napoleón Gómez Sada, como heredero y
líder del sindicato de mineros.
Procedimientos ilegales, porque Gómez Urrutia
nunca fue trabajador minero, como exigen los estatutos. Siempre fue funcionario
de gobiernos priístas.
Se chantajeó a una empresa minera y le
inventaron un expediente de minero.
Por eso el gobierno de Ernesto Zedillo nunca
la otorgó la toma de nota. No quisieron legalizar una ilegalidad.
Pero llegó Vicente Fox al gobierno.
Cabildearon intereses extranjeros y se legitimó el ilegal liderazgo de Gómez
Urrutia.
Luego vino el negocio sucio e inexplicado con
los 55 millones de dólares que nunca llegaron a manos de los trabajadores
mineros. Claro, los administra Gómez Urrutia, no vaya a ser que los
trabajadores mineros los derrochen en francachelas.
Por esos 55 millones de dólares está Gómez
Urrutia refugiado en Canadá.
Su fidelidad al extranjero la dejó clara uno
de los colaboradores al declarar que “Si le quitan las concesiones a Grupo
México, se acaba el conflicto”.
Claro, Grupo México es una empresa mexicana.
Es que desde su sindicato Napoleón Gómez
Urrutia sirve fielmente a los intereses extranjeros, son los que lo protegen en
su dorado exilio en Canadá.
Y, como decía el comercial: nadie hace nada.
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