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2 de Mayo de 2008
El desfile del Primero de Mayo ya no es lo
que fue. Atrás quedaron los tiempos de las mantas que elogiaban “al primer
obrero de la Nación”.
Hace ya muchos años que dejó de encabezarlo
el Presidente de la República. No es una conmoración oficial, aclaró el
Secretario del Trabajo Javier Lozano.
Ayer, los desfiles fueron deslucidos,
desanimados, hasta despreciados.
Todavía critican a la figura de don Fidel
Velásquez, pero con él al menos el sindicalismo tuvo unidad y consiguió no sólo
defender sus conquistas laborales, sino ampliarlas. Y hasta corromperse.
Floreció durante más de 40 años. Y empezó su
decadencia.
Conforme envejecía don Fidel, envejecieron
los líderes, pero sobre todo, Joaquín, empezó a perder fuerza el sindicalismo.
Quizá fue la alternancia, quizá fueron las
crisis, quizá son otros tiempos.
O cómo dicen algunos, es que México ya
cambió.
Parece que los líderes sindicales no saben qué
hacer con el sindicalismo mexicano.
Pero tampoco los que dicen que México ya
cambió saben que hacer con los sindicatos.
Vamos ni el gobierno lo sabe, por eso están
enredados con la reforma a la ley laboral.
Hay que
modernizarla, dicen, para ser competitivos.
Quieren cambiar la ley del trabajo, pero que
no se pierda ni una sola de las conquistas de los trabajadores. Algo así como
la cuadratura del círculo.
El sindicalismo está en un páramo. Lo retrata
la espléndida nota publicada en el diario Crónica.
Ayer, al ver vacío el balcón central de
Palacio Nacional, un viejo trabajador exclamó:
¡Ya estamos huérfanos! ¿dónde está el
Presidente?
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